Opinión

Federalización educativa y responsabilidad estatal

David Calderón

En los últimos años del sexenio pasado y en buena parte del debate educativo de 2012 y 2013, se hizo frecuente culpar a la descentralización de las incontables falencias y contradicciones de nuestro sistema. Usándolo como una especie de vertedero de residuos tóxicos, se hace referencia al Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (ANMEB), firmado en 1992 y puesto en marcha en 1993, como la explicación simplona de todo lo que “decayó” en la calidad educativa, o se desordenó en su gestión.

Si se examina la evidencia con detenimiento, pueden criticarse severamente los convenios de 1992 entre el Gobierno federal y los gobiernos de cada entidad; fueron confusos y omitieron asuntos fundamentales, lo que multiplicó espacios de desorden y de abandono por ambas partes.

La transferencia de la operación de los servicios educativos desde la autoridad federal hacia la autoridad estatal buscaba, al menos en el texto, honrar la norma constitucional, combatir el centralismo y el burocratismo (Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, 1992: IV). Esos mandatos siguen haciendo sentido en 2014 y esperan su cumplimiento pleno, ahora tan o más necesarios que entonces.

En el planteamiento del reporte Diagnosticar, exigir y proponer. Índice de Desempeño Educativo Incluyente (IDEI), que presentamos en Mexicanos Primero, consideramos que, sin desechar que el Gobierno federal deba seguir fungiendo como coordinador, los estados deben reconocerse como los primeros responsables del proceso educativo, que deben ser así exigidos por los ciudadanos, y que merecen ser apoyados -pero no sustituidos- para que cumplan su función.

Es un fácil expediente de las autoridades estatales culpar a la Federación porque “no da presupuesto”, o “sus programas se diseñaron en escritorios en la ciudad de México”, y no asumir que los resultados en las trayectorias son un derecho para cada niño mexicano, pero con los servicios a cargo de cada estado libre y soberano.

No sirve renegar de la descentralización, sino asumirla y corregirla. No se sostiene la explicación de que la descentralización desordenó el sistema, pues negaría los avances que se produjeron por acciones locales como en Aguascalientes, Colima, Sonora, Nuevo León,
Guanajuato o Puebla, mientras que, por el otro lado, el Distrito Federal, cuyo sistema escolar no fue entregado a la soberanía local y sigue dependiendo de la decisión central, sería ejemplo indudable de innovación pedagógica y claridad presupuestal, lo que no es el caso.

¿Por qué funciona en Sonora lo que ni siquiera se ha intentado en Nayarit? ¿Por qué Puebla y Guanajuato tienen un sorprendente avance generacional de inclusión, pero no en cambio Chihuahua ni Baja California Sur? ¿Por qué el sobrefinanciamiento que recibe Campeche no se ha traducido en mayor inclusión para los niños y niñas de ese estado? ¿Hay alguna relación entre el hecho de que Jalisco alcance el primer lugar nacional en Ciencias en PISA 2012, pero esté peor que Guerrero en abandono para secundaria, ocupando el lugar 28 entre las entidades? Las diferencias son significativas, pero para entender lo que precisamente significan se requiere ir a escarbar, y poner a la luz lo que se hace bien y lo que no.

En la visión hacia el futuro que sostenemos en Mexicanos Primero, la descentralización no debe recular, sino dinamizarse y ser llevada a sus últimas fronteras: la verdadera y plena descentralización, la que hace sentido pedagógico en serio, es construir el sistema educativo como una federación de escuelas públicas, cada una con suficiente autonomía normativa y financiera, con autogestión del currículum y las prácticas de aula, con un orgánico crecimiento y nutrición desde su identidad de entorno.

Es responsabilidad de todos que las reformas se implementen en cada estado y en cada escuela en forma cabal, y que la normativa de cada estado sea armonizada de modo tal que en verdad atienda y profundice el mandato constitucional, saliendo al paso a las reglas no escritas y a las leyes y reglamentos locales todavía vigentes que lo contradigan.

Los promedios nacionales, que son muy útiles para un diagnóstico sintético, dejan de serlo para identificar, proponer y exigir soluciones aterrizadas. La verdad es que en México hay pocos estudios que analicen la evidencia sobre las diferencias educativas entre estados, especialmente en el sentido de que hay multitud de diferencias cruciales entre los estados que no son atribuibles al punto de partida, sino al desempeño. El IDEI busca hablar a la sociedad y al gobierno en cada una de las entidades; el reporte completo se puede descargar en http://www.mexicanosprimero.org/images/recursos/idei/2013/IDEI_2009-2013.pdf.