Opinión

Extrañas disyuntivas

 
1
 

 

Videgaray

Son días revueltos. Días llenos de incertidumbre, de dudas, de especulaciones. La única certeza es que será un año difícil para México.

La mezcla de un escenario externo adverso para el país junto con los problemas que nosotros mismos hemos generado podría ocasionar una tormenta perfecta. Para enfrentar esa tormenta, tendremos que estar atentos, siempre pensando en diferentes escenarios y listos para tomar decisiones difíciles.

Ante estas complejidades, veo las decisiones que se van tomando y me sorprenden las extrañas disyuntivas que se plantean. Algunas de las más recientes están relacionadas con el precio de las gasolinas.

Considero que la liberalización del precio del combustible era necesaria y que llegó décadas tarde, tiempo durante el cual nos ocupamos más de generar ineficiencias y distorsiones en el mercado, que de prepararnos para una eventual liberalización.

El presidente y otras instancias nos plantean la disyuntiva de eliminar el subsidio o cortar 200 mil millones de pesos en programas sociales.

Todo esto es muy curioso. De entrada, en 2015 y 2016 (con cifras hasta noviembre) no hubo subsidio, fueron años recaudatorios en el mercado de la gasolina. Sin embargo, si los precios internacionales de la gasolina aumentan, considerando que se denominan en dólares y que importamos más de la mitad de la gasolina que consumimos, para poder mantener el precio en México, el gobierno sí tendría que dedicar recursos para mantener ese precio artificial.

Cuando se plantea esa disyuntiva, se apela a la conciencia de los mexicanos. ¿Cómo? ¿Se tendrían que eliminar los programas sociales?

¿Prospera desaparecerá? Pero hay muchas otras cosas en qué recortar. Algunos ejemplos: en los primeros tres trimestres de 2016 se gastaron ocho mil 350 millones de pesos en algo llamado “asignaciones para el apoyo de la economía familiar”. Ocho mil 400 millones de pesos para cubrir la prima de perseverancia, el bono por asistencia y el bono por asiduidad. También gastamos en los días festivos. Al sumar las erogaciones por el Día del Niño, de Reyes, de la madre, del padre, del maestro, de la secretaria, del trabajo, del trabajador institucional, del cumpleaños del trabajador y la dote matrimonial (sí, existe) vemos que durante los primeros nueve meses del año pasado gastamos 427 millones en estos conceptos. El estímulo por puntualidad rebasa los ocho mil millones de pesos, sin contar las compensaciones por vida cara que alcanzan mil 600 millones.

Quizás no alcancen a sumar los 200 mil millones que planteó el presidente, pero al ver estas cifras parece que la disyuntiva entre eliminar el subsidio o cortar programas sociales no es tal.

Una vez que se dio el primer paso hacia la liberalización del precio de la gasolina y las protestas subsecuentes por el incremento, ante el temor de una escalada de precios en los demás bienes, lo cual presionaría la inflación temporalmente al alza, se firma el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar que promueve que no haya aumentos injustificados en precios. Así, por un lado, justificamos la liberalización del precio de la gasolina para que se determine en el mercado (con lo que estoy de acuerdo), pero por otro sugerimos (de forma lo suficientemente vaga para que no se cumpla, afortunadamente) controles de precios. Extrañas inconsistencias.

El tema comercial estará presente en la agenda de los próximos meses y años. Es un aspecto fundamental de la economía mexicana y sin duda complejo de analizar. Hay que evaluar alternativas, propuestas de acción y de reacción ante diferentes escenarios, cuestiones fiscales, legales y el impacto en México de las múltiples medidas que pueden aplicarse en Estados Unidos. Los que saben de comercio plantean que México tendría que mostrarse más abierto que nunca y buscar mayor diversificación, pero sobre todo diversificación en nuestras importaciones. Hoy 47 por ciento de nuestras importaciones proviene de Estados Unidos y una mayor diversificación nos daría otra posición al negociar con nuestros vecinos.

En la edición más reciente del The Economist se sugiere que México está considerando incrementar las importaciones que hace de Estados Unidos, de tal forma que el déficit comercial que tienen con nosotros disminuya. Este planteamiento, contrario a lo que menciono en el anterior, le daría a Trump una pequeña victoria (el déficit comercial que tiene con México no alcanza 9.0 por ciento) lo cual calmaría a sus fieles proteccionistas.

La idea la ha sugerido el canciller Videgaray en algunos foros. Empezamos a hacer política industrial desde la Secretaría de Relaciones Exteriores. Extraños arreglos.

Serán años difíciles. Ojalá encontremos la capacidad de analizar correctamente y de tomar decisiones coherentes, consistentes y adecuadas. Hoy en día planteamos disyuntivas extrañas con soluciones que lo son aún más.

La autora es profesora de economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

También te puede interesar:
Acuerdos huecos
Más allá del precio
Todos en campaña