Opinión

¿Existe solución a los problemas de pobreza en México?

 
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Pobreza (Cuartoscuro)

En días pasados, la CONEVAL, por medio de su Director General presentó el resultado del análisis de la última Encuesta Nacional de Ingreso-Gasto de los Hogares de México, ejecutada por la agencia gubernamental autónoma encargada de estas tareas, por sus siglas INEGI.

Como sabemos, la encuesta se lleva a cabo cada dos años y la última versión, recién revelada corresponde a 2014. Los datos que arroja la encuesta son, por decir lo menos, desalentadores. Casi 64 millones de mexicanos no tienen el ingreso suficiente para poder adquirir la canasta alimentaria básica. Más mexicanos ingresaron a la categoría de la pobreza, más de dos millones, y menos mexicanos satisfacen adecuadamente sus necesidades, y todavía un grupo más reducido concentra montos de riqueza que resultan groseros por su monto. Según un estudio recién publicado por OXFAM, cuatro personajes mexicanos concentran el 8% del ingreso nacional de México.

La respuesta a estos datos ha sido variopinta. Muchas voces han insistido, y con razón, que la política social en aplicación es fallida. Otras voces apuntan, como la del presidente mismo, que si bien el tema de la política social habría que analizarlo, lo central es que la pobreza es variable dependiente, fundamentalmente de la falta de dinamismo económico.

Estos dos argumentos, aunque no son los únicos, son los más socorridos, y son una desafortunada repetición de situaciones previas en donde los resultados recientemente revelados se parecen, aunque, tal vez, los órdenes de magnitud hayan cambiado.

La vejez de los argumentos no resuelve, sin embargo, de cómo avanzar, y de manera significativa, en la reducción de la pobreza en México. Es, en efecto como se argumenta, ¿un problema de la conceptualización que soporta la aplicación de la política social actual? O son, ¿los problemas operativos en su aplicación? O es, ¿la vinculación de la política social con otras políticas como la fiscal? O además de lo anterior necesitamos dilucidar ¿cómo generar más riqueza en un marco globalizado como en el que vivimos? En mi opinión, como en tantos otros asuntos, y sobre todo los de naturaleza socioeconómica, es una mezcla compleja.

La política social actual es, y no dicho porque el firma, sino por muchos analistas insuficiente y deficiente en varios temas. En primer lugar, y éste es su defecto fundamental, se usa de manera facciosa para capturar los favores políticos coyunturales y de otros plazos, de sus beneficiarios. En segundo lugar, promueve la existencia de buscadores de rentas, que camina a contrapelo de lograr alcanzar a lo que debería ser su foco principal, los pobres. Padece de empalmes con otras políticas públicas que, también, representa una asignación ineficiente de recursos y está muy conectada con el rentismo aludido.

Así, sus alcances y beneficios son limitados y resuelven, solo en lo inmediato, las carencias más urgentes, que por supuesto no pueden ser soslayadas pero que no contribuyen a reducir, drásticamente, que es lo que se necesita, lo que combaten, la pobreza. Por el contrario, como lo muestra la ENIGH de 2014, sus resultados son contradictorios a sus objetivos. Hay más pobres hoy que hace dos años. Esta política tiene que ser sustituida por otra que parta de una epistemología diferente y tenga, también un modus operandi, alternativo.

Desde hace tiempo, como se ha ensayado en el mundo desarrollados desde hace más de 60 años, ver el caso inglés, habría que haber implantado una política social universal. Todo ciudadano mexicano por el simple hecho de ser tal tendría derecho a beneficios sociales exigibles. Siguiendo algunos de los derechos que establece la Constitución, podrían ser objeto de esta visión: la salud, la educación, la alimentación. De lo que se trata es que en lugar de intentar la mejor focalización, que solo es teórica porque en la práctica es sustituida por la focalización política, un conjunto de beneficios incluyan a todos, los de mayores y menores ingresos. A todo mundo. De no hacerlo se corre el riesgo que la pobreza siga aumentando a pesar que más recursos se le asignen a esa política social. Habrá más pobres pero eso sí, mejores resultados políticos para quien ejerza y controle la política social.

Sin embrago, para hacer el cambio de paradigma se requiere, también, cambiar otras políticas que permitan financiarla. Y la respuesta a esa interrogante es la política fiscal. En México, a pesar de lo declarado, una verdadera reforma fiscal, sigue pendiente. Los ricos viven en un paraíso fiscal. El día que realmente hagan una contribución real e importante en monto, ese día el financiamiento de la nueva política social podría tener esperanzas de existir.

Finalmente habría que decir que el piso de solución de la pobreza no solo es bajo que visión se distribuye la riqueza generada sino también la necesidad de generar más riqueza. Y en ese ámbito el caso mexicano tiene un largo camino por recorrer. Desde la época del ajuste estructural en los ochenta hasta la inclusión de México en la globalización, el crecimiento económico, la generación de riqueza no solo ha sido concentrada, sino sobre todo muy mediocre. Hay que crecer más y hacerlo sustentablemente en lo económico y en lo ambiental. El tema no es fácil porque, a diferencia de hace 30 años, el tema no es, como la teoría estructuralista decía e insiste, en la industria o reindustrialización de las economías, como la mexicana. Esa estrategia es harto difícil hoy día por las restricciones, muy apretadas, que impone la globalización.

Sin embargo, la pregunta es muy relevante. ¿Cómo generamos más riqueza en la globalización y así contribuir a la reducción de la pobreza? Las propuestas no están claras, excepto una, no podemos volver al pasado.

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