Opinión

¿Existe margen para reducir el ISR?

 
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Tasa de interés

En los últimos tiempos la recaudación tributaria ha descansado en los impuestos indirectos –esto es, al consumo como el IVA y los impuestos especiales–, y en un gran esfuerzo de la administración tributaria por parte del SAT y la colaboración administrativa con las haciendas estatales, una figura sustantiva de la coordinación fiscal; tan es así, que el Impuesto a la Tenencia recaudaba más antes de 2012, como una acción de colaboración administrativa. Hoy este impuesto está pulverizado: unos estados lo cobran y otros no. Deberían regresar al esquema anterior.

Hace unos días la Coparmex planteó bajar de manera gradual las tasas del Impuesto sobre la Renta, cuya participación en el PIB es menor a la de la tributación indirecta, que hoy es la más importante en la estructura tributaria, gracias a la recaudación del IEPS de gasolinas.

Cuando esto ha sucedido se compensa con ingresos adicionales. Por otros conceptos tributarios como serían ingresos petroleros adicionales, una mayor eficiencia recaudatoria y la reducción de la evasión fiscal.

Retrocedamos un poco en el tiempo: cuando era presidente Carlos Salinas la prioridad era bajar el déficit, reducir la deuda externa e incrementar el gasto social, con un aumento en la recaudación tributaria y un gasto social focalizado. Pedro Aspe era el secretario de Hacienda y Paco Gil el subsecretario de Ingresos.

La clave de su estrategia fue incrementar la base de contribuyentes, multiplicándola por tres; mejorar la fiscalización y ampliar la base de colaboración administrativa con las entidades federativas, así como los incentivos económicos para los estados que mejor trabajasen las auditorías coordinadas, siendo este último ingreso distinto de las participaciones que derivan de su adhesión al Sistema Nacional de Coordinación Fiscal, que son ingresos propios.

La tasa del ISR para las personas físicas se redujo en el sexenio de 50 a 35 por ciento en sólo seis años, y la recaudación subió alrededor de un punto del PIB, de 4.9 a 5.8 por ciento; la de las empresas pasó de 42 a 35 por ciento.

Asimismo, la tasa del IVA se redujo de 15 y 20 por ciento, a 10 por ciento, quedando pendiente la eliminación de las tasas subsidiadas, como la tasa cero. En 1989 se redujo en 21 por ciento la base gravable, se derogaron diversos impuestos especiales, las Bases Especiales de Tributación y la Tasa Sobre Adquisición de Inmuebles bajaron de 10 a 2.0 por ciento. En esta etapa se crea el Impuesto al Activo como una figura de control, mucho mejor que el IETU, que entró en vigor en 2008 y se abrogó en 2013. Aun con eso, la recaudación se incrementó 30 por ciento en el sexenio de Salinas.

En el sexenio de Vicente Fox, con Francisco Gil Díaz como secretario de Hacienda y Rubén Aguirre en Ingresos, se volvió a repetir la historia: en el año 2000 la tasa del ISR de personas morales era de 35 por ciento y la de las personas físicas de 40 por ciento. Para 2006 las tasas para personas morales y la de personas físicas fueron de 29 por ciento.

Todavía en 2007 llegaron a 28 por ciento, pero ante la resistencia del Congreso a una reforma integral, no se pudo concretar ninguno de los dos intentos para hacerla durante la gestión de Fox, aunque se mejoró la colaboración administrativa en materia fiscal.

Ya en 2008 se inicia la crisis financiera, y en 2010 subieron ambas tasas de 28 a 30 por ciento. En 2014 se incrementó la tasa del ISR para personas físicas a 35 por ciento, mientras que la de las empresas se mantuvo en 30 por ciento, además se eliminaron el IETU y el IDE.

En suma, hoy no hay espacios presupuestarios, pero esperemos a 2019, en el contexto de un nuevo pacto fiscal, una nueva Convención Nacional Hacendaria –que se deberán discutir desde 2018–, y las propuestas que el sector privado seguirá generando para alentar la inversión. 

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