Opinión

EUA será más proteccionista e intervencionista

 
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Hillary Clinton

Gane Hilary Clinton o el innombrable Trump la presidencia estadounidense, el gobierno y la economía de México sufrirán fuertes presiones. Aunque gane Clinton, las relaciones políticas y económicas de Estados Unidos con México cambiarán. La cuestión es si nuestro gobierno seguirá siendo sólo espectador reactivo.

Clinton no oculta sus afanes intervencionistas para corregir las taras de nuestras instituciones. Cuando fue secretaria de Estado entre 2009 y 2013, renegoció la Iniciativa Mérida; desde entonces, en ese marco se combate al narcotráfico en nuestro territorio y se promueve el Estado de derecho, la transparencia, la anticorrupción y la rendición de cuentas.

En México, ni por un momento se vaya a creer que en Estados Unidos.

En 2010, para allanar sus pasos intervencionistas en el Capitolio, la entonces canciller dijo que los carteles de la droga estaban “haciendo causa común con lo que consideraríamos una insurgencia en México y en América Central”. El gobierno de Calderón negó que tal cosa fuera cierta.

Como aspirante a la nominación demócrata, Hilary Clinton afirmó en entrevista de prensa que de llegar a la Casa Blanca, trabajaría duro para seguir presionando por el respeto de los derechos humanos y para reformar el gobierno; por supuesto, no el de Washington, el de México.

Esto es, para Clinton, la soberanía de un país extranjero puede ser sobreseída a criterio estadounidense, como lo fueron las de Irán e Irak; con ella en la Casa Blanca, la soberanía de México seguiría perdiendo tramos, tema de enormes consecuencias que nuestro gobierno y senado deberían evitar.

La economía de México también estaría bajo muy fuertes presiones con cualquiera de los dos aspirantes convertido en presidente, debido a que nuestros gobiernos han mantenido la apuesta a favor de la globalización y del “libre” tránsito de mercancías y capitales desde hace 30 años.

De hecho, convirtieron a las exportaciones de las transnacionales asentadas aquí, en el motor más dinámico del mediocre crecimiento de la economía no sólo en descuido, sino a costa del mercado interno.

Pues resulta que tanto Hilary como el innombrable le han hecho creer a millones de trabajadores mal pagados de su país que la causa de su precariedad es el “libre” comercio. Los dos han dicho que derogarían el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) porque “ha dañado a muchos trabajadores estadounidenses”.

La oposición proteccionista al TLCAN sin duda es fuerte y tendrá consecuencias para México; Angus Deaton, premio Nobel de economía 2015, suele decir que la globalización que rescató a gente en los países pobres, perjudicó a mucha en los países ricos “conforme fábricas y empleos migraron otros lugares”.

Deaton, como Trump y Clinton, apela a sentimientos nacionalistas al decir que “la ciudadanía implica una serie de derechos y responsabilidades que no se comparten con personas de otros países”.

En Europa y en Estados Unidos crece el proteccionismo contra la globalización; en México, el libre comercio ha roto cadenas productivas, ha acentuado la dependencia de importaciones (en realidad exportamos importaciones), no ha detenido el avance de la pobreza y ha acelerado el de la desigualdad.

Colgados de la brocha del neoliberalismo, no nos vendría mal recuperar cierto sentido nacionalista y ética social para desatar nuestras propias fuerzas productivas.

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