Opinión

Ética y finanzas personales

18 octubre 2013 5:2

 
Un principio básico en la administración de las finanzas personales es evitar confundir el “instrumento” con el “objetivo”. Es decir, el dinero es útil para transferir el esfuerzo del trabajo hacia las transacciones requeridas para el sustento, además de darle valor a las cosas y ser una forma de acumular recursos para ser utilizados en el futuro; sin embargo, no es en sí mismo un fin último.
 
La reflexión anterior nos hace introducir el concepto de la ética a la hora de tomar decisiones financieras, pues es fundamental un criterio del “deber ser” y establecer los juicios que nos llevan a pensar en lo que es “correcto” para nosotros, la familia y la sociedad.
 
Por la naturaleza de las resoluciones financieras, todas entrañan un juicio ético, porque la disponibilidad de dinero es limitada, mientras las alternativas de uso son innumerables y con consecuencias diversas. Hay aspectos obvios como no robar o engañar, pero también hay otras más sutiles, como sería una distribución “justa” del gasto.
 
El conflicto existe tanto en un ambiente de escases, como de abundancia. Ante la falta de recursos habrá la duda si se dirigen a placeres momentáneos o a una “obligación” familiar, como podría ser el ahorro para la educación o formar un fondo de contingencia contra imprevistos.
 
Cuando hay abundancia y se acumula; la pregunta clave es ¿para qué? Y cuál sería el fin último de esos bienes. En el extremo, las crisis financieras internacionales recientes han sido causadas por ejecutivos con avaricia, que en un afán de obtener mayores rendimientos arriesgaron los depósitos de muchos inversionistas sin advertirles.
 
En la contraparte, hay tomadores de riesgos compulsivos, quienes están continuamente poniendo en juego el patrimonio con tal de obtener una ganancia fuera de toda proporción. Como ejemplo bien podríamos poner al ludópata, pero también se pueden identificar ese tipo de conductas en los mercados financieros.
 
Es conveniente cuestionarnos ¿Somos éticos en nuestro trabajo? ¿Somos éticos en nuestras decisiones económicas? Vivimos en un sistema capitalista en donde monetizamos prácticamente todo y habremos de tener cuidado, porque es fácil perder la proporción.
 
Pongamos el caso clásico del ejecutivo exitoso que en aras de grandes ingresos sacrifica la relación con sus hijos. ¿Vale la pena? ¿Cuál es el justo medio?
 
Cuando hablamos de felicidad es fácil vincularla con el dinero y apreciar a las personas en función de sus posesiones materiales. Lo anterior entraña una trampa, porque nos encontraríamos con el dilema de que la acumulación es infinita y, por tanto, jamás se encontraría una sensación de plenitud.
 
Entonces, el punto central es administrar los recursos con la responsabilidad de hacer lo correcto; disfrutar el presente, con la capacidad de enfrentar el futuro, satisfechos con los logros en cada etapa de la vida.
 
 
Si bien las metas y sueños pueden ser transferidos a una necesidad financiera; el dinero no es el objetivo. La pregunta sería ¿Qué quiero lograr o disfrutar a lo largo del tiempo?
 
Hay quienes por el dinero trastocan sus relaciones con amigos, familiares, compañeros de trabajo o incluso con ellos mismos, con una frustración de perseguir la acumulación desmedida. ¿Tiene sentido?
 
Una buena administración nos permite poner en la balanza todos los factores y lejos de ser fría, tiene una orientación ética de lo que debemos hacer. Detrás de la obtención de un ingreso, del gasto, de la elaboración de un presupuesto, de un ahorro o de un crédito, siempre habrá juicios de valor y un compromiso con nuestro entorno.
 
De Seguimiento…
 
 
Para seguir reflexionando sobre este tema, les comparto en www.finanzasparmi.com un video de Michael Sandel, autor del libro What Money Can´t Buy: The Moral Limits of Markets.
 
Entre Mortales….
 
En cuanto al tema de la minusvalía de las Afores, un lector comenta que se le hizo excesiva la pérdida en su saldo por 200 mil pesos. Es un hecho que la pérdida de corto plazo fue significativa y que si se tiene un ahorro de 4 o 5 millones de pesos, es factible haber observado una caída de esa naturaleza. En contrapartida, cuando se obtiene un rendimiento los montos también serán de esos niveles.
 
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