Opinión

Estrenando Pemex

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anaya

Se designó ayer a José Antonio González Anaya como nuevo director de Pemex. El Dr. González Anaya ha sido jefe de asesores de Hacienda, subsecretario de ingresos, y hasta ayer era director general del IMSS. En esos cargos, además de las funciones normales, le ha tocado reestructurar pasivos contingentes (laborales) inmensos. En el IMSS, además de eso, el impacto de su trabajo creo que puede verse muy claramente en las cuentas públicas: en los tres años a su cargo, el gasto del IMSS se incrementó en 7.2 por ciento promedio cada año, que resulta un gran avance frente al incremento en los tres años previos, que fue de 11 por ciento anual, o al promedio desde el 2000, que supera 10 por ciento. En pesos y centavos, el ahorro que tenemos en este momento, gracias al menor crecimiento del gasto, es nada más de 56 mil millones de pesos. Por año.

Creo que esta información explica por qué ha sido nombrado como director de Pemex. Aunque le parezca difícil de imaginar, el IMSS y Pemex no son muy diferentes en magnitud. El seguro tiene alrededor de 400 mil trabajadores, con un presupuesto de poco más de 500 mil millones de pesos. Pemex cuenta con 150 mil trabajadores, y su presupuesto ronda 600 mil millones. Son las dos organizaciones más grandes que tiene el gobierno, cada una del doble de la CFE o el ISSSTE.

El reto en Pemex me parece que ya es claro para todos, y qué bueno. Es una organización profundamente ineficiente, que posiblemente tiene el triple de trabajadores que necesita, cuyo pasivo laboral es impagable. Estas tres cosas son diferentes, aunque no independientes. El exceso de trabajadores, con el tiempo, se convierte en pasivo laboral, de manera que si hoy el gobierno federal asumiera la deuda de Pemex con sus trabajadores, no tardaría la institución en volver a lo mismo. La ineficiencia, por su parte, no es toda por exceso de trabajadores, aunque esto influya.

Así pues, lo que Pemex tiene que hacer, y muy pronto, es una reestructura mayor. No tengo duda de que vamos a tener que asumir buena parte de la deuda de Pemex, para evitar su hundimiento. Pero esa asunción debe hacerse a cambio de corregir las causas del problema: la ineficiencia y el exceso de personal. Recuerdo haber escuchado que habría cerca de 25 mil personas que podrían dejar Pemex por jubilación muy pronto. Eso permitiría reducir el personal de la institución en un sexto. Habría que duplicar o triplicar la cifra, pero eso debe hacerse con un análisis cuidadoso de las plazas y sus funciones.

Y requiere una negociación con el sindicato que no es cosa menor.

Pero aún logrando esa reducción, Pemex seguiría siendo ineficiente. Aunque extraer petróleo es el negocio más rentable del mundo (o lo ha sido), procesarlo no lo es. Convertir el crudo en combustibles que puedan utilizarse es un negocio sumamente apretado, que sólo existe porque sin esa transformación el petróleo no podría usarse, pero las ganancias se las lleva el crudo, no los petrolíferos. Y nuestras refinerías son muy, muy malas. Antiguas, mal mantenidas, con parches y ampliaciones, que nos llevan a perder decenas de miles de millones de pesos al año.

En el cuento nacional, Pemex era puntal estratégico de la economía. En la realidad, ha sido una cueva de bandidos, paraíso de la ineficiencia, donde perdimos una parte de la renta petrolera. Lo importante, lo nuestro, es el petróleo. Pemex no. O se transforma, o se acaba. José Antonio González tiene poco tiempo para intentarlo. Mucho éxito.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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