Opinión

Estrategia

 
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Donald Trump

Donald Trump encarna algunas de las peores características de un ser humano. Entre ellas, algunas que comparte con el estereotipo del estadounidense que los mexicanos odian: soberbio, grosero, ignorante, discriminador. Además, el personaje que ha creado, y le permitió ganar la presidencia de su país, llevó esas características a un extremo casi ridículo. Como El bully (matón, abusador) que es, agrede para atemorizar y salirse con la suya. Frente a este personaje, muchos mexicanos, especialmente opinadores, insisten en una respuesta igualmente agresiva de parte de México. Ya he dicho que no estoy seguro que eso sea una buena idea, y ahora le explico por qué.

Primero, la agresión suele ser una amenaza que parece creíble, pero que exagera sus probabilidades de ocurrir y ser exitosa. Segundo, responder al mismo nivel implica reconocer que la agresión original tuvo efecto, de forma que El bully aprende en dónde duelen sus golpes. Tercero, El bully no puede dejar pasar una respuesta así, porque su reputación está en juego. Escalará su respuesta y se entra en una espiral de agresión.

Por ejemplo, la construcción del muro que, según él, México va a pagar, es una amenaza con algo de credibilidad. Ya existe un muro bastante largo, que prácticamente cierra la frontera desde Tijuana hasta Juárez, e imagino que muchos estadounidenses creerán que puede continuarse hasta Matamoros. Esto es poco probable, por cuestiones topográficas y legales, pero tiene visos de credibilidad. Una vez creído eso, lo de que México va a pagar suena también creíble, aunque Trump no tenga idea de cómo lograrlo, según se entiende en sus entrevistas. De hecho, al anunciar su decreto, ya tuvo que modificar su discurso.

Si a ese tipo de anuncios el gobierno mexicano reaccionara con el mismo nivel, como me parece que algunos piden, lo único que se puede lograr es que Trump sienta amenazada su reputación y escale el conflicto. Si, por otro lado, se construyen obstáculos a la amenaza, el resultado puede ser mucho más efectivo. En el caso del muro, se pueden construir coaliciones en el Congreso vecino, evidenciar las complicaciones legales, bloquear intentos de cobrar de forma indirecta su construcción, entre muchas otras cosas. Así, aunque Trump firme su decreto, no habrá manera de convertirlo en realidad. La amenaza se diluye.

Lo mismo ocurre con el Tratado de Libre Comercio, que no es fácil de cancelar, por lo que el camino puede ser renegociar en parte. Ya le he comentado que creo que bajo cualquier modificación, México gana. Hay que hacer notar que estamos dispuestos a negociar, e incluso a que se cancele el tratado, pero no veo tampoco qué pudiera ganarse con una posición igual de insultante de parte de México.

Entiendo que para muchos la actitud de Trump es insultante, y provoca que el nacionalismo revolucionario renazca de sus cenizas, pero creo que hay que tener una postura más estratégica y menos emocional. Hace bien el gobierno mexicano en reiterar que no pagará por el muro y que sí puede negociar, e incluso cancelar el TLC. También está bien empezar a hablar con los funcionarios estadounidenses que serán los encargados de traducir las ocurrencias de Trump en políticas concretas, y que entienden mucho mejor los límites de esas políticas.

Pero hay quienes hablan de indignidad y exigen respuestas agresivas, similares a los exabruptos de Trump. No es extraño que esas posiciones abunden en la Ciudad de México, el gran reducto de ese nacionalismo revolucionario. Hasta comparan con Santa Anna al actual gobierno.

Será muy difícil para Peña Nieto enfrentar inteligentemente a Trump y, al mismo tiempo, reducir los costos políticos en México. En ese sentido, sí puede ser buena idea posponer su visita.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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