Opinión

Estoy paranoica

¡Yaaaaa! ¡¡¡Yaaaa basta!!! ¡¡BASTA!! Estoy hasta la mother de las llamadas diarias a mi oficina donde alguien exige hablar conmigo, con un tono de urgencia. Contesto y es, una vez más, un vendedor ofreciéndome una tarjeta de crédito, o para hacer una encuesta, o unas vacaciones gratis en Cancún o un nuevo paquete de telefonía.

No faltan las personas que también con insistencia tocan la puerta exigiendo una propina por limpiar las coladeras, por tocar música ranchera, o vienen a darnos una doctrina religiosa o para preguntarnos cuáles son nuestras preferencias políticas para una encuesta.

De plano le pido a mi staff que cuelguen el teléfono o tiren la puerta lo más grosero posible, no respondan preguntas, no sean amables, no den su nombre, no conversen, no hay que darles nada de información.

Tal vez podría tener más paciencia con tantas llamadas e interrupciones, y aceptar que de estas actividades están dando de comer a sus familias o pagando sus estudios universitarios y que tal vez sí me están ofreciendo un servicio que verdaderamente podría aprovechar.

Pero para mí, cada llamada de este tipo es para sacarnos información o cada vez que suena el timbre es una persona que quiere establecer quien se encuentra en las oficinas o en mi casa. El problema es mi preocupación por la seguridad personal y de las personas que laboran conmigo.

Más allá de la paranoia normal de una persona como yo, dedicada a los temas de seguridad, mi preocupación está basada en hechos reales, ya que en mi cuadra, van dos empresas que han sido víctimas de la delincuencia en los últimos seis meses y tenemos varios reportes de personas que han sido víctimas de asaltos al salir de su casa u oficina. En el país ha incrementado el secuestro un 24 por ciento y al igual que las extorsiones en 17.8 por ciento.

Ambos son delitos que requieren información de la víctima para su eficiente ejecución.

Por ejemplo, al estar escribiendo esta colaboración recibí una llamada ofreciéndome más megas para mi Internet y el Inegi toca la puerta para exigir información sobre mi empresa. Como sabemos, está en curso el Censo Económico 2014, donde queramos o no, tenemos que proporcionar información sobre nuestras empresas. Y aunque le comentamos a la representante del Inegi que no queríamos dar información por razones de seguridad y privacidad, ésta nos amenazó con que hay una multa por no responder. Investigué y sí, las multas van desde 3 mil hasta 30 mil salarios mínimos (desde 200 mil hasta 2 millones de pesos).

¡Qué dilema! Correr el riesgo de no responder y que me multen por una cantidad mucho más de lo que gane mi pequeña empresa, o dar la información y cruzar los dedos que el Inegi sea la única institución en el país que no filtre la información personal. Pues ante la amenaza, dimos de mala gana la información. Ahora, muchos de ustedes se preguntarán qué tan grave es divulgar el número de escritorios, la cantidad que se paga al CFE. Pero la encuestadora del Inegi se llevó información delicada y valiosa para los criminales: cuánto gana aproximadamente la empresa, cuánto se le paga al contador, cuánto valía el carro y el equipo de la empresa y quiénes eran nuestros clientes (con la grotesca economía que tenemos actualmente me imagino que muchas empresas respondieron como yo: no tenemos clientes en este momento).

¿Quién asegura que la base de datos con esta información no aparecerá en venta en Tepito por la módica cantidad de 15 mil pesos? Eso fue lo que se pagó por los datos de más de 7 millones de ciudadanos en el mercado negro de bases robadas. ¿Se imaginan cuánto pagarían por una base de datos de 5.7 millones de “unidades económicas” que surgirá de esta encuesta.?    

Unas últimas sugerencias de esta paranoica. La Profeco puso en marcha un programa en el cual tu teléfono quede exento de promociones, marcando 54486900 . En el caso de hacer denuncias de extorsiones o fraudes llamar al 9628000 en el DF y en el interior de la República al 01 800 962 8000.

Y en lo que se refiere a encuestas, pues no queda otra que contestar la del Inegi, para los restantes yo ni les abriría la puerta.