Opinión

Este gobierno se marca solo; desestabilizarlo sobra

¿Pretende alguien desestabilizar al país? Sin duda. Luis Rubio citó recientemente el libro Zapata y la Revolución Mexicana del historiador de Harvard John Womack, que empieza diciendo: “Éste es un libro acerca de unos campesinos que no querían cambiar y que, por eso mismo, hicieron una revolución”. Cualquier statu quo tiene beneficiarios, toda revolución también. Usualmente son los mismos.

Ciertamente, la reforma energética de la administración peñista atenta contra grupos cómodamente posicionados. En medio de tan profunda corrupción como padecemos, preferirían que nada cambie quienes lograron sortear la complejidad burocrática y aceitan el sistema para que el cohecho llegue a quien decide sobre recursos públicos. No hacer cambios garantizaba que México se volvería crecientemente dependiente de importar energéticos, pues nuestra producción cayó un tercio, de 3.4 millones de barriles diarios a 2.3. Pero, para cuando ocurra ellos ya habrán garantizado el patrimonio de varias generaciones.

Es claro que el lento ejercicio del gasto público en el arranque de la administración peñista provino de un cambio de “tubería”. Si hubieran abierto la llave, la tubería panista habría llevado el goteo (o chorro, en algunos casos) a las manos de funcionarios y aliados panistas; construir una nueva red tomó tiempo.

El gobierno se equivoca al atribuir demasiado peso dentro de la crisis política a la “conspiración” que proviene de los grupos afectados por los cambios. Jugué basquetbol por muchos años y a veces alguien en el equipo contrario “se marcaba solo”, es decir que no requería de una defensa férrea para cometer errores. Esta administración se marca sola. Como fichas de dominó, la respuesta a cada problema desencadena que la ficha siguiente caiga.

La crisis de Ayotzinapa tiene una complejidad natural por su origen. Proviene de un cambio de cultivos de los cárteles en Guerrero que migraron de la mariguana a la amapola ante la gradual legalización estadounidense, por el hecho de que es ése país ahora el principal productor de cannabis, y dada la creciente adicción de la clase media suburbana estadounidense a la heroína (provocada por la prescripción excesiva de analgésicos opiáceos). Este fenómeno debe ser revisado por quienes sin mayor análisis defienden la legalización de la droga, como medida para acabar con el narcotráfico.

Guerrero se ha vuelto el tercer productor de heroína del mundo, después de Afganistán y Myanmar, y el corredor de salida pasa por Iguala. Buena parte del tráfico ocurre en camiones de pasajeros. ¿Quemaron los normalistas el autobús equivocado? Nunca lo sabremos. Lo que sí parece posible es que ante el destape del escándalo de la "casa blanca" la Procuraduría se apresuró a “destapar” la masacre y quema de cuerpos en forma flagrantemente prematura, intentando distraer la atención de los medios y de la gente. De ser así, el gobierno pierde toda credibilidad y alimenta, torpemente, las acusaciones extremas del hecho como “crimen de Estado”.

Posteriormente, el escándalo de la "casa blanca" generó una reacción cuya magnitud pareció sorprender al Ejecutivo, y reaccionan en forma absolutamente absurda, dando una inverosímil y condescendiente explicación sobre el hecho. Peor aún, el presidente afirma no tener de qué pedir disculpas, sin recordar que independientemente de qué ley haya sido violada, el conflicto de interés es tan evidente que él mismo canceló la licitación del tren a Querétaro un día antes de que aflorara el escándalo.

Por último, el secretario de Hacienda, quien debería ser el epítome de la transparencia porque por sus manos pasan los recursos que el pueblo cede al Estado en búsqueda del bien común, piensa que lo que lo exime de mayores explicaciones es el no ser “funcionario público”, a pesar de estar en el equipo de transición del presidente electo, y el hecho de que pagó por adelantado la “hipoteca privada” obtenida de Grupo Higa, desembolsando medio millón de dólares para pagar por una casa de fin de semana de más de 800 metros cuadrados. ¿Qué pasó con los funcionarios públicos que se resignan a vivir en la “honrosa medianía”? Parece que el gabinete peñista no recibió ese memorándum.

Por si fuera poco, Hacienda nos da 'atole con el dedo' diciendo que el déficit público en 2014 fue de 3.1 por ciento del PIB, cuando realmente alcanzó 4.2 por ciento, quitando reclasificaciones burdas. Que el crecimiento vaya a ser apenas superior a 2.0 por ciento señala la pésima calidad del gasto gubernamental. ¿Para qué quitarle recursos a empresas privadas por medio de impuestos para después gastarlos tan mal?

La administración peñista parece creer que el maratón Guadalupe-Reyes lo curará todo, que los medios irán transitando hacia otros temas. A pesar de que yo podría estar escribiendo sobre lo que está pasando en el complejísimo panorama económico global que se avecina, siento que mi silencio podría interpretarse como aquiescencia. Hoy, me rehúso a quitar el dedo del renglón.

Twitter: @jorgesuarezv