Opinión

¿Estamos en el ojo
del huracán económico?

Se dice que uno de los inventos más poderosos de la humanidad fue el contrato financiero, que funciona como una máquina del tiempo. Quien ahorra está transportando su excedente de ingreso de hoy, para con él consumir mañana. Quien pide prestado hoy, está transportando su ingreso excedente de mañana para consumirlo o invertirlo hoy. Si viéramos que una familia gana, digamos, cien mil pesos al año, pero debe 250 mil, para saber si van a enfrentar un problema o no, tendríamos que preguntarnos en qué usó el excedente de ingreso de mañana.

No es lo mismo que lo hayan utilizado para irse de vacaciones, que pedir crédito para hacerse de un negocio, por ejemplo. En el segundo caso, si hicieron una buena inversión, generarán más ingreso mañana.

El endeudamiento mundial aumentó 47 por ciento de 2007 a 2013. El caso extremo es China, donde la proporción de deuda total a PIB aumentó 17 puntos porcentuales sólo en los últimos seis meses. En 2008 era 148 por ciento del PIB, a fines de junio de 251 por ciento. La deuda se contrajo para construir algo de infraestructura -puentes, carreteras, ferrocarriles, aeropuertos- y muchos elefantes blancos
-ciudades enteras que están y estarán deshabitadas, en un inevitable deterioro- cuyo principal objetivo era generar empleos durante el proceso de construcción.

Aún el caso del gasto en infraestructura, que tanto impresiona a los visitantes, es debatible.

Sí, tienen aeropuertos, carreteras y trenes rápidos de primer mundo, pero es infraestructura redundante, al haber hecho las tres garantizan que no hay suficiente tráfico y demanda para que puedan ser rentables.
Cuando se depende del crédito para crecer, el gran problema es que se va requiriendo de cada vez más recursos para mantener niveles iguales de crecimiento, pues la rentabilidad del dólar adicional invertido es cada vez menor.

Además, conforme el pago de intereses de la creciente deuda va aumentando, se va contratando nueva deuda simplemente para ir pagando la deuda que va venciendo. El crecimiento es exponencial y eventualmente revienta. China no será la excepción.

China debe proporcionalmente lo mismo que Estados Unidos (260 por ciento) o el Reino Unido (277 por ciento), y mucho menos que Japón (415 por ciento); pero la gran diferencia es que esos son países ricos, mientras que China es un país todavía pobre. El rico puede darse el lujo de sacrificar consumo futuro por presente, el pobre no. Más con la demografía en contra, como China. En el caso estadounidense, por ejemplo, alrededor de 1.2 millones de millones de dólares de crédito fueron para estudiantes. En teoría, esa inversión en capital humano debe rendir fruto, reflejándose eventualmente en productividad, innovación, patentes, competitividad.

Mucho del alto endeudamiento de países desarrollados proviene de la llamada Gran Recesión de 2007. Ésta borró millones de millones de dólares de riqueza y lastimó la capacidad de generar ingreso de muchos países.

En parte, eso ocurrió porque muchas familias, que se endeudaron para comprar activos, vieron cómo su deuda se mantuvo del mismo tamaño, mientras que el valor del activo adquirido se colapsó. Esas familias tienen mucho menos con qué consumir, porque una parte importante de lo que generan se va en pagar lo que deben.

La historia va a repetirse

La única razón por la que el alto peso de la deuda no está hundiendo a las economías es porque, dada la estratosférica impresión de dinero que han hecho los bancos centrales, las tasas de interés se han mantenido artificialmente en mínimos históricos. Lo estarán al menos por lo que resta de este año y quizá todo 2015.

Las tasas de interés por debajo de la tasa de inflación provocan una transferencia real de riqueza de los ahorradores -quienes tienen excedente de ingreso- a quienes están endeudados: gobiernos, familias, empresas. Ese es un esquema insostenible y peligroso.

Los ahorradores se ven forzados a salir del mercado de bonos y tomar riesgo invirtiendo en activos reales -acciones, bienes inmuebles, arte- y al sobreasignar recursos, inflan sus precios; potencialmente formando nuevas burbujas. Tarde o temprano las tasas subirán y se formará un tsunami de liquidez que regresará al mercado de bonos y las reventará.

¿Vamos de salida de la peor crisis desde la Gran Depresión o estamos simplemente en el ojo del huracán? Pronto lo sabremos. Lo que ya sabemos es que, si se presenta una nueva crisis, el margen de maniobra es infinitamente menor que antes. Estados Unidos ha recapitalizado bancos y las familias han reducido su endeudamiento, pero carece de margen político de maniobra para un nuevo rescate.  Europa no lo tiene ni en lo económico ni en lo político.

El gobierno de México tiene que darse cuenta de que aún con reformas estructurales, vienen años de bajo crecimiento mundial, y un entorno potencialmente muy complicado, particularmente si agregamos lo geopolítico.

Seguir dilapidando recursos en subsidios y seguir sin corregir el pésimo gasto público, es más que irresponsable, es suicida.

Twitter: @jorgesuarezv