Opinión

Estamos deprimidos, temerosos y desconfiados

 
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Bala. (culturacolectiva.com)

Los datos que ayer reveló el Inegi nos permiten llegar a esa conclusión.

El índice de confianza del consumidor se colocó en el nivel más bajo desde enero de 2014, cuando entró en vigor la reforma fiscal. Con cifras desestacionalizadas la caída anual es de 6.8 por ciento.

El dato es aún más grave al referirse a las perspectivas del país en los próximos 12 meses: 14.8 por ciento respecto al mismo mes del año pasado. Este indicador está en su punto más bajo desde que el Inegi empezó el cálculo de esta serie en abril de 2001.

Traemos puestos unos anteojos que nos hacen ver con pesimismo al país, como quizás no los habíamos traído en décadas.

Además, ahora sí ya nos están afectando también en las perspectivas personales. El índice que mide la perspectiva económica del hogar en los próximos doce meses cayó también, en 5.1 por ciento respecto a septiembre de 2015, y está en el nivel más bajo desde diciembre de 2009.

Es decir, aun en nuestra perspectiva cercana, estamos en el mayor nivel de pesimismo de los últimos seis años y nueve meses.

Ayer, el Inegi también informó los resultados de la Encuesta Trimestral de Seguridad Pública Urbana, y el resultado fue que tenemos la mayor sensación de inseguridad en nuestras ciudades, desde el primer trimestre de marzo de 2014. Es decir, tenemos la mayor sensación de inseguridad de los últimos nueve trimestres.

Los primeros cinco lugares en sensación de inseguridad fueron Ecatepec, la zona oriente de la Ciudad de México, Coatzacoalcos, Acapulco y Villahermosa.

Sin lugar a dudas, hay problemas económicos y de inseguridad, dos de los que siempre aparecen en los primeros lugares. Pero no estamos como en la crisis de 2009 ni remotamente, ni tampoco nos encontramos en la peor crisis de inseguridad.

Pero así es como nos vemos.

Hace un par de días Walmart reportó el crecimiento de sus ventas. A unidades iguales y semanas comparables, la cifra de septiembre fue de 4.4 por ciento, lo que en términos reales sería alrededor de 1.5 por ciento.

Como se ha anticipado, el consumo se va a desacelerar, pero nada que ver con las cifras reales negativas que se tuvieron en 2009 o aun 2013.

El indicador de consumo privado, que es el más general de esta medición, marcó un crecimiento de 3.9 por ciento en julio cuando en 2009 tuvo una caída hasta de 10.5 por ciento.

Nos sentimos mucho más mal de cómo realmente estamos. Y el gobierno o los liderazgos sociales no han tenido o la capacidad o el interés de modificar ese estado de ánimo.

Este es un tema del que le he comentado recurrentemente en este espacio.

Si el estado de ánimo que hoy existe se prolonga, va a ser imposible evitar que repercuta en las decisiones de consumo y entonces podríamos caer en una espiral perversa en la que el freno en el consumo provocara una caída en la producción y en el empleo y ésta a su vez alimentara el descenso del consumo.

Hay tiempo para cambiar antes de que ello ocurra, siempre y cuando el asunto del “mal humor social” sea visto como algo más que una anécdota o un dato y emprendan acciones para cambiarlo, que vayan más allá de una campaña publicitaria.

Twitter: @E_Q_

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