Opinión

Estabilidad contra popularidad

 
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Petróleo

El Bank of America Merrill Lynch (BOAML) lo dejó muy claro en un reporte dado a conocer ayer: la caída de los ingresos petroleros del gobierno mexicano debe ser considerada como un “choque permanente” en el sentido de que requiere un ajuste estructural de las finanzas públicas.

Un análisis objetivo de sus tendencias no deja lugar a dudas: va a ser necesario hacer un ajuste en el gasto, como ya se hizo en los ingresos.

La reforma fiscal, que no gustó a muchos, fue esencial para que no estemos ahora en una crisis fiscal. El incremento real de los ingresos tributarios entre el primer semestre de 2013 y el de este año fue de 45.6 por ciento.

Este monto, sobre una base anualizada, implica algo así como 2.5 puntos del PIB a precios de 2015, cerca de 450 mil millones de pesos.

Es esa condición la que permite márgenes de maniobra para considerar ajustes fiscales orientados a promover la inversión y el empleo para 2016.

En contraste, sin esos ingresos no sólo no habría márgenes de maniobra, sino que la inestabilidad financiera en México sería mucho mayor.

La tarea, absolutamente esencial ahora, es hacer el ajuste del lado del gasto, pues de lo contrario no habrá incremento de ingresos que sea suficiente.

La Secretaría de Hacienda había estimado, sobre la base de un precio promedio del petróleo de 55 dólares por barril para 2016, un ajuste adicional en el gasto programable de 135 mil millones de pesos, respecto a su estimación de cierre de 2015.

Aunque la caída de los ingresos por producción de crudo se ve parcialmente compensada por un incremento del IEPS en gasolinas, éste está lejos de ser suficiente y en cualquier caso hay una pérdida neta.

No puede descartarse que, así como va el mercado petrolero (ayer la mezcla mexicana cerró apenas por arriba de 40 dólares), el ajuste tuviera que ser aún mayor.

Por esa razón es que la revisión de programas presupuestales que se ha estado haciendo será crucial.

Ya desde finales de junio, Hacienda anunció la reducción del número de programas presupuestales en 22 por ciento, lo que implica la compactación de 261 en 99; la eliminación de 56; la resectorización de siete y la creación de cuatro.

Instrumentar estas decisiones ha tenido un elevado costo político, tanto hacia fuera del gobierno como a su interior.

Y ha sido la Secretaría de Hacienda quien ha asumido ese costo. Al ver este panorama es que se explica que cuando se habla de Luis Videgaray, no sean usualmente porras las que se escuchen.

Sin embargo, imagine usted por un momento el tamaño que tendría el déficit público si no se hubiera hecho la reforma fiscal.

Y, con un déficit sustancialmente mayor, estaríamos enfrentando hoy una turbulencia financiera mucho más violenta.

A toda la problemática internacional que ya le comenté previamente, se sumó esta semana la determinación de las autoridades chinas de realizar una devaluación competitiva del yuan, que comenzó con un 2.0 por ciento pero que podría ser mayor si fuera necesario, lo que ya introdujo otro factor de inestabilidad en el panorama internacional.

Sin duda, es positivo que se sacrifique la popularidad en aras de no comprometer una estabilidad que no es patrimonio ni del régimen ni del gobierno, sino que ha costado muchos años consolidar en México.

Twitter: @E_Q_

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