Opinión

Esta semana he bebido
poco, muy poco

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bebidas alcohólicas

Esta semana he bebido poco, muy poco; y como no tuve fiesta para la noche del Grito, pues menos. El martes tomé una copa de vino tempranillo, y me regalaron una copa de Maestro Tequilero en el Club de Industriales, pero a decir verdad, no me gustó, así que no la terminé.

En general bebo muy poco alcohol, pero admiro el fenomenal trabajo que hacen las empresas que comercializan estas bebidas, principalmente las europeas y las estadounidenses, que colocan con fuerza marcas en la mente del consumidor, a pesar de la enorme cantidad de bebida ilegal que se vende aquí. Estas empresas pagan impuestos especiales, y son de alguna forma los “clientes favoritos” del SAT.

La discusión actual del Paquete Económico 2016 es una oportunidad para corregir algunas fallas con las que se grava a las bebidas con alto contenido alcohólico. Un problema grave es la subvaluación. ¿Ejemplo? Comercializadoras de destilados de alta graduación que recurren a prácticas mañosas para que su mezcal, vodka, whisky, brandy o tequila califique dentro de una graduación alcohólica menor, y sea así sujeta de una tasa impositiva más baja. O la típica importación a granel ingresada con una factura apócrifa y que refleja un valor pequeñito del cargamento. ¿Resultado? Se evade al fisco.

Es verdad que el SAT ha reducido dramáticamente el número de aduanas por las que se puede importar alcohol, y que se han instrumentado operativos exitosísimos en conjunto con la Cofepris. Pero el problema continúa, y se requiere profundizar la formalización de toda la industria.

Una gran oportunidad que existe durante septiembre y octubre en el Congreso de la Unión sería el cambio en la forma en la que se grava al alcohol, que es bajo el sistema ad valorem, es decir con una especie de IVA específico dependiendo del valor de la botella. No obstante, es un sistema poco efectivo, porque si un comerciante subvalúa su mercancía termina pagando menos impuesto que aquel que sí revela el precio real. De tal suerte, la industria ha propugnado durante años por un sistema que grave al producto por litro de alcohol. Este formato sería transparente para la autoridad: a más graduación alcohólica, el producto pagaría más impuesto.

La firma Euromonitor ha revelado que en México 43 por ciento de los destilados que se venden es ilegal. Esto representa casi 21 millones de cajas al año. Algunos estudiosos del tema calculan que la pérdida fiscal es mayor a seis mil 385 millones de pesos por impuestos no cobrados. También se han detectado focos rojos: en Monterrey, por ejemplo, se observa ya a muchos supermercados abarrotados de alcohol subvaluado.

Este es un reto enorme para el gobierno. Ojalá el Congreso lo corrija estas semanas.

Twitter: @SOYCarlosMota
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