Opinión

Esta no es una defensa
de Uber

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Uber

Hace unas semanas Uber se vio forzado a suspender, así fuera de manera temporal, los servicios al aeropuerto de Monterrey. La medida fue resultado de ataques de taxistas a unidades de vehículos asociados a esa plataforma. En el estado que se asume como emblema de la iniciativa privada de México, un puñado de choferes ligados a la CNOP logró con agresiones impedir que unas personas trabajaran de manera formal. http://bit.ly/1T09Nnk

La semana pasada, en San Luis Potosí, el diputado del PRD, Sergio Desfassiux, anunció que retirará la iniciativa que abría la puerta potosina a Uber y servicios parecidos. “Me doblo ante la presión de ese monopolio que por tantos años tanto mal nos ha hecho en San Luis”, dijo clarito el legislador según se publicó el sábado en el diario Pulso. http://bit.ly/1Ooi3W9

Esta semana en Jalisco el Congreso del estado podría aprobar una iniciativa que es vista con preocupación por voceros de Uber. Esa ley representaría un duro golpe a las operaciones en una entidad que, paradójicamente, presume de ser un terreno fértil para la innovación tecnológica.

En el mismo sentido, en Guanajuato, un estado de esos que por su crecimiento económico anual son vistos como milagro en medio de la atonía nacional, se habla de legislar a Uber, pero los requisitos que pondrían son tan caprichosos que terminan por ser ridículos y hasta discriminatorios: se exigiría que los choferes hablen inglés, que los autos tengan cinco bolsas de aire, que no sean autos subcompactos, etcétera.

Esta no es una defensa de Uber. Porque no es Uber lo que está en cuestión, sino la manera en que los mexicanos se ponen, o no, de acuerdo sobre derechos y deberes.

Regreso al caso jalisciense. La revista Wired publicó el 4 de febrero un elogioso artículo sobre la innovación en ese estado (http://www.wired.com/2016/02/startups-can-escape-their-cash-crunch-by-going-to-mexico/). Y no era el primer reportaje internacional al respecto (EFE hizo otro hace unos meses). Cuando el año pasado, de visita en Guadalajara pregunté a uno de los protagonistas de esa ola innovadora qué le pediría al gobierno, el joven se me quedó viendo por un momento y luego dijo: que no se meta demasiado.

Según Uber eso precisamente estaría haciendo el gobierno con la iniciativa que se discutirá en Jalisco: meterse demasiado.

La iniciativa, dice esa empresa, tiene una cláusula que limitaría por decreto el número de unidades que pueden dar el servicio a través de empresas de redes de transporte, y además exigiría que la antigüedad máxima de los vehículos de esas plataformas sea de cuatro años. Sólo esta última medida podría dejar fuera de circulación a un buen segmento de los actuales vehículos. Cálculos extraoficiales hablan de hasta un tercio del parque vehicular (actualmente el límite de edad del auto es diez años, y es el usuario quien al calificar el servicio decide si la unidad y el operador están a la altura de lo que se paga independientemente de otros factores como si es nuevo o no el auto).

¿De qué lado se pondrá la autoridad? ¿Del que favorece la creación de nuevas alternativas, o del que en detrimento de consumidores privilegia a sindicatos y a uniones de taxistas que se niegan a competir sin ventajas indebidas?

¿Hace falta decir que los gobiernos sí deben regular, pero que siempre deben hacerlo a favor de la mayoría y no de grupos facciosos?

Esta no es una defensa de Uber, es si acaso una metáfora: qué otros privilegiados buscarán apretar a las autoridades.

¿El gobierno federal y los de los estados simplemente se van a doblar? Veremos.

Twitter: @SalCamarena

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