Opinión

Esperando el aumento de las tasas de interés

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Agustiín Carstens

En ocasión de la publicación de su Informe de la Inflación del cuarto trimestre del año pasado, el Banco de México volvió a reiterar que la depreciación del tipo de cambio es un factor de preocupación porque no sólo podría deteriorar el comportamiento futuro de la inflación, sino también porque podría afectar la estabilidad financiera del país. A un mes de anunciado el recorte del gasto público, todavía no se observan mayores reacciones de las principales variables financieras y en especial del tipo de cambio, por lo que no sería extraño que el Banco Central decida reforzar el marco de la política macroeconómica mediante un incremento en su tasa de interés de referencia.

Como se recordará, a fines de enero la secretaría de Hacienda y Crédito Público anunció un recorte “preventivo” del gasto equivalente a 0.7% del PIB. Este fue reconocido por el Banco Central al considerarlo indispensable para ajustar la demanda agregada en un contexto de la caída de los precios internacionales del petróleo.

Pese a ello, en el transcurso del último mes el tipo de cambio no ha mostrado una mejoría respecto de los niveles que observó antes del recorte del gasto, e incluso podría decirse que aumentó la volatilidad en vista de que en algunos días se cotizó por encima de los 15 pesos, generando más nerviosismo en los mercados. A consecuencia de ello, las expectativas sobre el tipo de cambio al cierre de presente año han seguido deteriorándose, al alcanzar los 14.37 pesos por dólar estimados por el promedio de los economistas encuestados por Banamex el último 20 de febrero, cuando a principios del año lo estimaban en 14 pesos por dólar. Lo mismo ha sucedido con las expectativas para el cierre de 2016, que pasaron desde 13.87 pesos el dólar a inicios de enero, a 14.07.

Producto de estos dos elementos, las cifras de la inflación de la primera quincena de febrero dan cuenta prácticamente del inicio del traspaso de la depreciación del tipo de cambio sobre los precios de los productos finales. El subíndice de precios de mercancías no alimenticias, variable que registra dicho traspaso, observó un incremento de 0.59% cuando el conjunto de los precios de la canasta de consumo subieron tan sólo 0.11%. Lo más destacable de este resultado es que dicho incremento es el más alto registrado históricamente, lo que lo convierte en un fenómeno sujeto de observación por parte del Banco Central, no sólo porque estaría marcando el inicio de dicho traspaso, sino también porque podría destrozar su hipótesis de que tales traspasos son pequeños e incompletos. Al final, podría comprobarse que el efecto de la depreciación cambiaria sobre la inflación depende de si ésta es permanente o transitoria. Como es de suponerse, depreciaciones transitorias necesariamente tienen pequeños efectos sobre la inflación.

Por otro lado, de acuerdo con el diagnóstico del Banco Central, el valor del peso ha sido “sensible a las caídas en los precios del petróleo y la posibilidad de que éstos se mantengan en niveles bajos por un periodo prolongado, en parte reflejando preocupaciones sobre las implicaciones fiscales y de cuenta de corriente que esto conlleva”.

Si bien el recorte del gasto público mejora la perspectiva de las finanzas públicas, todavía no queda claro que lo mismo vaya a suceder con el comportamiento de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Dependerá de lo que vaya a suceder con el balance del sector privado, aunque se espera que mejore.

Sin embargo, el enorme déficit de la balanza comercial de enero (3,285 millones de dólares), si bien contiene un importante componente estacional, adelanta la posibilidad de que ésta pueda deteriorarse más de lo que se espera durante el presente año, debido a la fuerte caída de los ingresos petroleros, por lo que también lo haría la cuenta corriente de la balanza de pagos. Si así sucediera, se reforzaría la nociva tendencia observada en los dos o tres últimos años de que el superávit en la cuenta financiera de la balanza de pagos serviría más para financiar el déficit de la cuenta corriente que para acumular reservas internacionales.

Si bien un posible aumento de la tasa de interés de referencia podría moderar el comportamiento del tipo de cambio, no se debe olvidar que en última instancia la depreciación de la moneda mexicana obedece más al fortalecimiento del dólar que a la debilidad del peso, por lo que los efectos de las políticas económicas internas serán limitados.

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