Opinión

España: de la crisis a los comicios

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Mariano Rajoy

Algo se mueve en Europa, o por lo menos en la periferia. El giro hacia la izquierda en las elecciones autonómicas y municipales del 24 de mayo en España demuestra un par de cosas: 1) el hartazgo de la población por las duras medidas de austeridad impuestas por el gobierno de Mariano Rajoy para enfrentar la crisis iniciada en 2008 y 2) el desgaste del modelo bipartidista, vigente desde el fin del franquismo.

Las dos principales ciudades de España, Madrid y Barcelona, ya son gobernadas por formaciones políticas que deben su ascenso a la creciente molestia social por los desahucios, el persistente desempleo (promedia 25 por ciento de la población económicamente activa y sube hasta casi 50 entre los más jóvenes) y la reducción del gastol, combinada con el incremento de los impuestos y la redirección de los recursos para cubrir una deuda pública que, lejos de disminuir, aumenta cada vez más (en 2008 representaba 40.2 por ciento del PIB y a final de 2014 alcanzaba ya 97 por ciento).

Los planes que presentaron Ada Colau (Barcelona) y Manuela Carmena (Madrid), responden a necesidades particulares pero, al final, similares: la población exige un cambio urgente y, dado que el establishment es identificado con la derecha y la corrupción, la vía lógica son medidas con fuerte orientación a la izquierda e incluso el populismo.

Aún es pronto para saber hasta dónde podrán realmente aplicar sus programas y mucho menos las consecuencias que tendrán sobre las finanzas públicas, pero la clase empresarial se manifestó preocupada y en los días posteriores a los comicios la prima de riesgo trepó de 118 a 159, aunque muestra una tendencia a la baja.

La alarma no es una exageración, ya que puede ser el aviso de lo que se cocina para las elecciones generales, a celebrarse antes del 20 de diciembre.

La preocupación es que se repita el fenómeno que ya se vio en Grecia con el triunfo de Syriza, el partido de izquierda radical que llevó a Alexis Tsipras al gobierno y que se ha convertido en un dolor de cabeza para la Unión Europea, por su negativa a mantener la austeridad. España es la cuarta economía de la UE (tercera de la Eurozona), si allí sucediera algo como en Grecia, el bloque enfrentaría una crisis política con consecuencias económicas aún más graves.

* Coordinador Académico de la Facultad de Estudios Globales
de la Un iversidad Anáhuac México Norte

Twitter: @gtrujano64