Opinión

Espacios artísticos independientes: Lulu


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Lulu

El número 231 de la calle Bajío, en la Roma Sur, es una puertita roja que pasa totalmente desapercibida. Ahí se encuentra Lulu, un pequeño espacio para proyectos expositivos que han fundado el artista mexicano Martín Soto Climent (México, 1977) y el curador Chris Sharp ( EU, 1974). Al entrar a la pequeña casa -que también es el estudio de Martín Soto- desconcierta lo reducido del espacio destinado a Lulu, pues solamente es un cuarto de 9 metros cuadrados, aunque la extrañeza del tamaño se diluye de inmediato porque el lugar habla por sí mismo, descubriendo un pulcro e inesperado cubo blanco.

La vocación de Lulu es mostrar obra de artistas poco conocidos en México -principalmente extranjeros- que no tengan visibilidad dentro del circuito de galerías y con un nivel de montaje profesional. Las dimensiones del espacio no son limitantes. Al contrario, apremian a que las curadurías sean precisas, con los elementos justos, sin verborrea visual. Estos rasgos hacen de Lulu un lugar distinto de otros espacios independientes, pues no busca ser transgresor o experimental, sino un pequeño laboratorio curatorial en el que el desafío es hacer más con menos en términos conceptuales, discursivos, visuales, de lenguaje y también en las finanzas. Lulu opera sin fines de lucro, la venta de obra expuesta no es el objetivo principal, sólo busca cubrir gastos, que por lo general corren a cuenta de Sharp y Soto.

El espacio de Lulu está activo desde abril de 2013 y hasta la fecha se han realizado alrededor de 15 exposiciones. Uno de los proyectos más peculiares, con el cual Lulu ganó notoriedad, fue Lulennial: a slight gestuary [Lulenial: un ligero gestuario] en febrero de este año. Una atípica bienal (¡sí, bienal!) curada delicadamente por Fabiola Iza y Chris Sharp, como su nombre lo sugiere, fue una muestra del gesto vaporoso que es el acto artístico (justamente el tema que abordamos semanas atrás sobre el infraleve de Marcel Duchamp). Dividida en tres momentos -por el pequeño espacio- se presentaron obras a manera de compendio de gestos sutiles, como Aliento sobre piano, de Gabriel Orozco (México, 1962); Instruction Paintings 1961-62 de Yoko Ono (Japón, 1933); la frágil pieza de Goran Petercol (Croacia, 1949), Sjene (24), dos varas de cobre que apenas hacen contacto entre sí, y el humor geométrico de Ana Roldán (México, 1977) con Forms of Contemplation, Ideal Forms in Compositions, de 2010. También se expusieron obras de Robert Barry (EU, 1936); Ana Santos (Portugal, 1982); Lin Yilin (China, 1964); Paola de Anda (México, 1979); Darren Bader (EU, 1978); Wilfredo Prieto (Cuba, 1978); B. Wurtz (EU, 1948); Fernanda Gomes (Brasil, 1960); Jiří Kovanda (República Checa, 1953); Tania Pérez Córdova (México, 1979); Goran Trbuljak (Croatian, 1948) y Karin Sander (Alemania, 1957), entre otros.

“Una vez un artista local vino a Lulu y me preguntó ¿por qué hacíamos esto? Si era solamente para alardear de nuestro buen gusto o si era un proyecto de vanidad. Parecían preguntas incisivas/críticas (...) financieramente somos completamente responsables de lo que hacemos, no hemos recibido fondos públicos. Creemos que con Lulu hemos creado una situación en donde todos ganan, al final simplemente se trata de hacer lo mejor que podamos para montar exposiciones buenas, bien organizadas y presentadas profesionalmente”, comenta en una entrevista Chris Sharp.

Si bien la delicadeza en sus montajes y curadurías sitúan a Lulu en otra semántica de los espacios independientes, comparte el ánimo de incidir en el ambiente artístico emergente, ser un nodo discursivo. Lulu es un espacio que va contra la grandilocuencia del arte, apostando mejor al guiño breve y perspicaz. El 18 de septiembre se inaugura la exposición de Lucas Arruda (Brasil, 1983).

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