Opinión

Escondiendo la cola en una casa de cristal

 
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Enrique Peña Nieto

“Corre a la universidad y rescata las copias de la tesis. Sí, todas las copias. Revisa que el título del licenciad@ esté en orden y si es posible habla con el decano”.

Esto me imagino fue la reacción de los asesores políticos de posibles candidatos a la presidencia, gubernaturas y presidentes municipales ante el reportaje de la periodista Carmen Aristegui sobre el posible plagio de 28.8 por ciento de las 200 páginas que integran la tesis que redactó el presidente Enrique Peña Nieto hace 25 años cuando tenía 25 años.

Y de nuevo la especulación detrás de la nota fue lo que prendió las redes sociales y el debate que surgió se enfocó más en el mensajero que en las implicaciones del mensaje. ¿Creó expectativas demasiadas altas, sobrevendió la información que estaba a punto de divulgar Carmen Aristegui? ¿Cuál es la agenda de periodista?

¿Por qué no hay más medios nacionales publicando la información? ¿Por qué tantos medios internacionales les interesó la nota? La forma más fácil de responder sería que hay una diferencia fundamental sobre la relevancia de la información y el impacto que podría o debería de tener en la capacidad del presidente Enrique Peña Nieto.

Y como frecuentemente sucede en México el debate gira alrededor de las formas y no el fondo.

Con esto no quiero decir el plagio del 28.8 por ciento una tesis para una licenciatura de 25 años no debe de tomarse en serio. ¿Debe de compararse con el caso del ministro de Defensa alemán, Karl Theodor zu Guttenberg, quién tuvo que renunciar a su cargo en el 2011 cuando un medio de comunicación lo acusó de plagiar su tesis doctoral? Pero este debate sobre la “forma” de la tesis, aunque interesante no debería de reemplazar el fondo: ¿Qué decía la tesis? ¿Qué proponía y que pensaba Enrique Peña Nieto cuando tenía 25 años? ¿Cuáles fueron los autores, los libros, y los expertos que influenciaron al joven Peña y que tendría un impacto en la forma que el presidente gobierna y ejerce su liderazgo?

El punto que quiero resaltar es que, seguimos pintando a los gobernantes como figuras unidimensionales, caricaturescas, que parecerían que “nacen” seis años antes de las elecciones. Y durante el proceso electoral, sus asesores construyen una imagen más enfocada a las características físicas y no capacidades intelectuales.

Lo interesante de este reportaje sobre la tesis del presidente Peña Nieto, y los cuestionamientos que ha tenido que enfrentar él y su círculo cercano, es que la era de candidatos unidimensionales acabó.

Probablemente el futuro de los asesores de los candidatos es jugarla de investigadores para mitigar, desaparecer y controlar información que sea adversa a la del candidato: ¿Ya hablaron con la nana y que dijo? ¡No importa que tenga 80 años! ¿Ya rescataron el expediente del cardiólogo? ¿Toda la información se entregó a la secretaria y el banco tiene resguardado los archivos en un lugar especial? ¿Ya vieron el Facebook y el Twitter de los hijos? ¡Necesitamos una revisión que abarque los últimos 15 años, no me importa que Twitter sólo tenga 10 años de existencia! ¿Quién va a investigar al compadre de borracheras del candidato? ¿Qué libro leyó en la universidad? ¿Leyó? ¿Con quién viajó y qué hizo cuando viajó a Ámsterdam? ¡Oh Dios! ¿Alguien puede bajar el video donde el candidato está bailando sobre la mesa?

Pero el error de estos futuros políticos va a ser que buscarán esconder información en lugar de tratar de construir una imagen de políticos con peso intelectual, con experiencia que se traduce en capacidad y credibilidad.

Candidatos que no sólo tienen conocimientos universales, pero también conocen la realidad del país. Construir la narrativa y la imagen de un político honesto, sin cola, no sucede de la noche a la mañana.

Gracias a la tecnología, los enemigos políticos y hackers dispuestos a obtener datos permitirán que información comprometedora que era difícil de obtener, estará en manos del público antes de las elecciones.

A los analistas y periodistas nos tocará analizar e interpretar esa información, no sólo reportarla.

Y es que, a diferencia del pasado, para las personas que eventualmente buscaban ejercer un puesto de elección popular o un nombramiento gubernamental de alto nivel, se volverá mucho más difícil esconder una muy muy muy larga cola cuando tengan que vivir en la casa de cristal que exige un puesto público.

Twitter:@Amsalazar

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