Opinión

Es la organización

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ME Elecciones Venezuela (Bloomberg)

Venezuela, el país con más petróleo del mundo, ha tenido que importarlo de Estados Unidos, el mayor consumidor de ese combustible y que, hasta hace diez años, era el mayor importador del mundo. Así como lo lee: Venezuela tiene reservas probadas de 296 mil millones de barriles de crudo, más que Arabia Saudita (265), Canadá (175), Irán (151), Irak (143), Kuwait (102), Emiratos (98) y Rusia (80). Y ya no incluyo a Estados Unidos, con 25 mil, o nosotros, con menos de 13 mil. Pero tiene que importar crudo. Venezuela ha sufrido ya 16 años de un pésimo manejo económico, que ahora tiene a su moneda, el Bolívar, en mil unidades por dólar en el mercado negro, contra seis en el mercado oficial. Hay escasez de prácticamente cualquier cosa, y me parece que debemos tomar en serio que lo de Venezuela es ya una inminente crisis humanitaria, más allá de fracasos económicos y políticas populistas.

Pero se trata sólo del caso extremo. Nosotros tampoco estamos tan bien. Fuimos exportadores de crudo por muchos años (de 1978 a 2014), pero ahora también estamos importando crudo, y nuestra balanza de hidrocarburos es negativa. Como lo ilustramos nosotros, el problema no son los recursos, sino la organización. Los recursos ayudan, pero no resuelven. Es más fácil ser un país exitoso cuando tiene uno abundancia, como lo demuestra Estados Unidos, siempre y cuando la organización sea eficiente. De otra forma, y Brasil creo que es el mejor ejemplo, la abundancia en recursos no sirve de nada.

Ahora que si quiere usted más ejemplos, sobran. De un lado, países con abundancia de recursos que acaban pobres, o al menos dando lástimas, tenemos de sobra en América Latina, empezando por el ya mencionado Venezuela, pero también Argentina o Uruguay, más recientemente Brasil, y nosotros, que tampoco logramos avanzar. Del otro, países con recursos limitados que sin embargo son sumamente ricos: Japón, casi de libro de texto, u Holanda. Con recursos limitados, pero muy exitosos: Dinamarca, Suecia, Noruega, e incluso Finlandia. Con amplios recursos, pero de ingreso medio, como nosotros: China y Rusia, y le sumaría Kazajstán e India.

Lo importante es hacer énfasis en que de nada sirven los recursos si la organización es ineficiente. Por el contrario, con buena organización se puede ser exitoso incluso con muy pocos recursos. Esto debería ser obvio, pero aparentemente no lo es, y buena parte de las ofertas políticas (en todas partes del mundo) se concentran en la defensa del recurso propio, sea impidiendo el libre comercio, cerrando la frontera a migrantes, o haciendo uso de otras estrategias “mercantilistas”, como se suelen llamar desde hace 250 años. A veces sorprende que ahora les llamen “alternativas”, o “progresistas”, como si nunca aprendiéramos nada.

Otra vez: lo que nos ha permitido multiplicarnos por siete en los últimos dos siglos, mientras la riqueza lo hace cien veces, no es que haya más recursos. Por obligación, eso es imposible, incluso es probable que haya menos. Lo que cambia es lo que podemos hacer con esos recursos, e incluso lo que podemos definir con ese nombre. En el lenguaje coloquial, le llamamos tecnología a esa transformación.

Pero la tecnología, cuando transforma a fondo una sociedad, amplía la desigualdad, desplaza la producción, e incluso reduce temporalmente la productividad. Frente a ese sufrimiento, la gente se espanta y quiere regresar a lo conocido, a los recursos, al mercantilismo. Y de eso viven los populistas. Cuando una sociedad logra superar ese momento de cambio, enriquece y avanza. Cuando no, simplemente se estanca, cae en manos de demagogos, y a la postre, se convierte en una tragedia.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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