Opinión

¿Es indispensable el aceite de la corrupción?

 
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Corrupción. (ciudadanosenred.com.mx)

¿Tiene la corrupción una función dentro de la política? Lo pregunto no para embelesar el escrito, sino planteando una duda genuina. En un extraordinario artículo en el último número de la revista The Atlantic, What’s Ailing American Politics ("Qué aqueja a la política estadounidense"), Jonathan Rauch analiza cómo el proceso de 'limpiar' la política ha tenido un impacto negativo en la capacidad de los partidos para premiar la lealtad de legisladores, por ejemplo, cuando se abandonaron prácticas como la de acompañar las diferentes resoluciones pasadas por el Legislativo con el llamado pork barrel, término con el que se denomina a los 'premios' no relacionados con la resolución en sí, que avalan gasto público para distritos de legisladores 'leales'. El abandono de estas prácticas y el surgimiento de financiamiento de campañas utilizando redes sociales, han dotado a los políticos con un autonomía que se ha traducido en parálisis. Al no haber lealtad hacía la dirigencia del partido, deja de haber interlocutores con los cuales negociar, deja de existir la posibilidad de moderación, de un quid pro quo amplio capaz de beneficiar a ambos bandos. Cada legislador hará lo que incremente su posibilidad de reelección.

Claro, podríamos argumentar que la diferencia entre el pork barrel de un legislador estadounidense y el voto que vende uno mexicano, es que en el primer caso el objetivo es el premio para el distrito, y en el segundo para su propio bolsillo. Sin embargo, vistos desde afuera, el proceso de limpieza parecía inocuo.

Se ha vuelto imposible para el Ejecutivo gobernar. Obama tuvo que recurrir a las odiosas 'órdenes ejecutivas' para imponer su voluntad, abriéndolas a controversia judicial y exponiéndolas a demandas. Parte del legado del presidente saliente estará en riesgo, pues su sucesor tendría argumentos legales para fácilmente invalidar esas acciones.

Qué pasaría si en México, por algún milagro (claramente, cada vez parece menos probable que el catalizador sería la voluntad de nuestros gobernantes) surgiera un movimiento real y empoderado para lanzarse tras de todo político corrupto, todo acto de corrupción o de conflicto de interés evidente. ¿Cuántos miembros del gabinete, gobernadores, senadores, diputados, jueces, ministerios públicos y policías caerían? ¿Cuántos empresarios? ¿Podría funcionar el país detrás de tal terremoto? ¿Quién queda para apagar la luz?

Eso empieza a preocupar en el proceso de Lava Jato brasileño, en el que el juez Sergio Moro de la ciudad de Curitiba comenzó con la investigación de corrupción masiva en Petrobrás que generó líneas de investigación en todas direcciones. La semana pasada se anunció la investigación contra el expresidente Lula. Se podría caer en situaciones complejas. El propio presidente Temer, que sustituyó a la presidenta Rousseff, podría tambalearse conforme se investiga el financiamiento ilegal de campañas políticas por parte del PT. La propia elección de la presidenta estaría en duda, y por ende también lo estaría el vicepresidente.

Existe un precedente histórico. En la famosa investigación de Manos Limpias emprendida por jueces italianos contra la mafia en los noventa, se encarceló a dos mil 993 personas, de seis mil 59 investigadas, hubo cargos contra 872 empresarios, mil 978 funcionarios locales y 438 legisladores. El sistema político se colapsó.

¿Explica esto el ascenso de Berlusconi como primer ministro? En paralelo, podemos afirmar que el disfuncional Legislativo estadounidense contribuyó al ascenso de Trump como candidato republicano a la presidencia.

La corrupción masiva, como la de México, es una extraordinaria barrera de entrada. Los primeros opositores a la reforma energética, por ejemplo, fueron decenas de empresas que ya tenían bien armado el sistema de 'pagos' a funcionarios y sindicato de Pemex. Muchos empresarios que dependen de actividades concesionadas prefieren no agitar las aguas. Preferirían apoyar una lucha light contra la corrupción, que permita que prevalezca un statu quo altamente rentable; que no haya nuevas reglas o competidores.

México está a años luz de un combate real contra la corrupción. Sí, se dan pasos importantes, como la Ley 3de3 o el Sistema Nacional Anticorrupción, pero carecemos de fiscales con el nivel de autonomía y convicción que mostró Moro en Brasil. Mucho del apoyo actual es 'de saliva', sabiendo que un cambio de fondo será complicado. Si pareciera factible, saldrían del clóset muchos opositores.

El hartazgo de la sociedad puede desencadenar cacerías de brujas, particularmente si ésta ocurre en medio de una crisis política o económica fuerte. Si queremos acabar con la corrupción en forma constructiva y sin desencadenar una debacle, necesitamos de un cambio institucional profundo. Requerimos de mucha mayor independencia del aparato judicial, de cortes mucho más profesionales, de jueces mucho más preparados y algunos especializados en temas concretos. Y, probablemente, y con todo el dolor de nuestros corazones, requeriremos también de una amnistía que evite que todo aquel que tenga cola que le pisen, bloquee todo esfuerzo real. En México, nos tropezamos con esas colas en todos lados y todos los días.

Twitter: @jorgesuarezv

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