Opinión

Es hora de que México controle lo que puede

 
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Donald Trump (Bloomberg)

Triunfó la misoginia sobre la igualdad de género, la demagogia sobre la experiencia, el racismo sobre la inclusión, la vulgaridad sobre la mesura.

Pero eso no resume el resultado de la elección presidencial estadounidense. Quienes piensan que éste implica que la mitad de los estadounidenses son racistas, no han entendido. Esta fue una elección en la que la demografía pesó más que la ideología. Es el resultado de la decisión de una mayoría blanca que se percibe abandonada y acorralada. La esperanza de vida entre la población blanca ha disminuido. Y eso ocurre sólo porque el grupo de blancos sin educación universitaria enfrenta una crisis sustancial. Si los patrones de crecimiento poblacional de los 80 y 90 prevalecieran hasta hoy, habría medio millón más de blancos estadounidenses. Los problemas de marginación se han manifestado en el abuso del alcohol, la adicción a la heroína, problemas de obesidad, y el crecimiento del suicidio. Esta ha sido la mayor epidemia que ha aquejado a la sociedad estadounidense.

La llegada a la presidencia del primer presidente negro provocó una enorme reacción en sentido opuesto. Como si haber elegido a un afroamericano ofreciera una especie de licencia para el racismo. El oscurecimiento de la piel del estadounidense promedio representa una amenaza real para muchos blancos. Como diría el activista político Van Jones, esto no es un backlash (una reacción), sino un white-lash (una reacción hacia lo blanco). El que un tercio de los hispanos votara por Trump, nos recuerda que la solidaridad de la gente es con su bolsillo, y no necesariamente con su tribu.

Pero esa es sólo parte de la explicación. Ciertamente, hemos vivido en una burbuja que no nos ha permitido entender cuántos estadounidenses viven al día, cuántos no tienen acceso a servicios básicos, mientras un pequeño grupo ha acumulado una proporción descomunal de la riqueza de todos. Pensar que su voto es producto de la estupidez o de la xenofobia no nos permitiría aprender la lección. A aquellos que dicen que esta elección refleja las debilidades de la educación estadounidense les recuerdo que en Finlandia, el país con el mejor sistema educativo del mundo, ha surgido un movimiento político de los 'verdaderos finlandeses' que es, también, patentemente racista.

Ahora viene la hora de la verdad para Trump, para sus seguidores y para los republicanos. No es lo mismo ver los toros desde la barrera y silbarle al torero, que tener al toro enfrente. Es evidente que no podrá cumplir con el grueso de sus promesas, pero hará como que hace, elegirá qué batallas merecen la pena y puede ganar. Para los republicanos, con Senado y Cámara baja en su control (como Obama las tuvo al inicio de su mandato), viene la hora de la verdad: demostrar cómo podrán reducir impuestos, aumentar la inversión pública y reducir el déficit fiscal. Si fracasa, le ponen la mesa a la peligrosa izquierda demócrata de Elizabeth Warren que controlará el partido.

Una presidencia de Hillary Clinton implicaba mayores impuestos, y más regulación. Esa era la mayor debilidad de su propuesta económica. La candidata no entiende el oneroso costo de la regulación excesiva, para ella ésta es fuente de ingresos públicos. El mamotreto regulatorio Dodd-Frank con el que reaccionaron a la crisis bancaria se ha vuelto un pesado costo de cumplimiento para intermediarios financieros, una extraordinaria barrera de entrada que protege a los grandes bancos, y no es una legislación que evite la próxima crisis.

El gabinete y equipo cercano de Trump incluirá a Rudy Giuliani, Chris Christie y Newt Gingrich, probablemente también a senadores conservadores como Jeff Sessions o Bob Corker. Se habla también de los multimillonarios Forrest Lucas (de Lucas Oil) y al exGoldman Steven Mnuchin como posible secretario del Tesoro. El gran riesgo será que, tratando de complacer, privilegie a colaboradores socialmente conservadores, sobre aquellos que lo son en materia económica.

Trump quizá elija a tres magistrados de la Suprema Corte durante su mandato, lo cual le imprimirá un sesgo conservador a ésta por una generación. Le irá mejor si entiende que no se gobierna por referéndum o popularidad.

¿Y México? Este es un momento para que vea hacia adentro. Creo que el TLC será revisado en algunos temas, pero sobrevivirá. Hay cientos de empresas que dependen de una cadena de abasto totalmente integrada y eficiente, que les permite competitividad internacional. Trump es demagogo, pero no suicida. Pero sí es un momento para que México haga las cosas bien, para que no dé pretextos. La inseguridad creciente es un problema. La escandalosa corrupción es indefendible. La impunidad es vergonzosa. En su conferencia de prensa del día siguiente, el Secretario Meade hablaba del buen manejo de las finanzas públicas como fortaleza, debió usar el tiempo pasado.

Si no entendemos que la marginación incuba al populismo, pongamos nuestras barbas a remojar. Para tener recursos con qué educar, incluir y conectar, no podemos seguir tolerando que los recursos del pueblo acaben en casas en el extranjero, caballos de carrera, gasto clientelar y cuentas bancarias. Controlemos lo que nos toca a nosotros controlar.

Twitter: @jorgesuarezv

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