Opinión

¿Es el gasto público
la solución para crecer?

Hace unos días se conocieron los datos de enero del Indicador global de la Actividad Económica (IGAE), el cual nos indica el dinamismo de nuestra economía. Su crecimiento fue de 0.8 por ciento anual en el mes de referencia. Este bajo porcentaje se viene a agregar a las estadísticas de Confianza del Consumidor (que registró una contracción de 11 por ciento en febrero) y de la Confianza Empresarial que continúan mostrando un deterioro con respecto al año anterior.

Debido al bajo dinamismo de la economía (aunque todavía registra datos positivos), son crecientes las voces que piden o incluso exigen un aumento en el gasto público. Obviamente aquel que recibe de manera directa el gasto público extra tiene una mejor situación, pero el gobierno no tiene recursos ilimitados, por lo que su beneficio es limitado.

Además, como de algún lugar tienen que obtenerse estos recursos adicionales que se gastan, habrá sectores que serán perjudicados por los mayores impuestos o desplazados en la obtención de los créditos. Por lo mismo, en su conjunto no siempre es claro que la situación económica total estará mejor por un incremento en el gasto.

Para darse cuenta de la efectividad del gasto para incrementar la demanda global, y así reactivar la economía, hay que ver qué tanto representa en el total. Mientras que el consumo del gobierno es el 9 por ciento de toda la demanda, el consumo privado equivale al 52.2 por ciento del total.

Esto significa que si el gobierno lograra incrementar su consumo en 10 por ciento, el impacto total sería inferior al uno por ciento, pero si las expectativas de los consumidores se deterioran, por las perspectivas de mayores impuestos para pagar los gastos adicionales o más inflación, se podría tener una reducción en la demanda.

La situación en la inversión es parecida, ya que la realizada por el gobierno representa cerca de la décima parte del total. La restante es la que hacen las empresas y los particulares. Inversión que no es complementaria y que propicia que más inversión privada pueda tener un efecto total negativo. Además, los proyectos de inversión no se realizan de inmediato, pero el impacto en las perspectivas privadas son inmediatas.

Por otro lado, hay que tomar en cuenta que el mayor gasto público puede provocar más aumento de impuestos o un mayor déficit fiscal, el cual a su vez significa mayores impuestos futuros o un mayor endeudamiento que reduce el crédito disponible para los particulares.

Hay que recordar que los países que más han crecido lo han logrado con un bajo desequilibrio fiscal o incluso con un superávit fiscal, que permite una reducción en los impuestos y en las tasas de interés. Como ejemplo están los casos de Estados Unidos en el periodo de Clinton, de Chile e incluso de México durante el Desarrollo estabilizador.

El gasto público que apoya al crecimiento económico es aquel que propicia mayor consumo e inversión privada, no que los desplace.

Correo: benito.solis@solidea.com.mx