Opinión

¿Es correcta la decisión
de Carstens?

Todas las decisiones económicas tienen un lado positivo y un lado negativo. Lo mismo se aplica para las medidas de política económica: todas generan algún beneficio, pero conllevan algún costo. Por otra parte, para que las decisiones de política monetaria tengan efecto, es conveniente que sean sorpresivas.

Con estas dos consideraciones y ubicándonos en el contexto global y local, trataremos de valorar la decisión del equipo que comanda Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, de bajar la tasa de interés al nivel más bajo de la historia.

LA MODA MONETARIA CUANTITATIVA

Los tres principales bancos centrales del mundo desarrollado se encuentran en una fase de política monetaria sumamente laxa. Es decir, sus decisiones de tipo monetario (acomodaticio) tratan de empujar a sus economías hacia una mayor actividad. O en palabras más vernáculas, le están metiendo la "mano negra" al valor de sus monedas y a las tasas de interés para que no regresen a la normalidad.

Irónicamente, a pesar de que estamos en la época de mayor creación de medios de pago, nos encontramos al mismo tiempo en la era de menor inflación global y de bajas tasas de interés.

La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) lleva cinco años creando dinero por el equivalente a tres veces el monto original de su balance en 2008.

Desde hace seis meses la Fed empezó a disminuir gradualmente sus programas de inyección de recursos, pero sigue creando dólares en cantidades impresionantes. Janet Yellen (presidenta de la Fed) promete, a cambio, mantener las tasas de interés de corto plazo en los niveles más bajos de la historia por un periodo prolongado (0.25 por ciento anual).

El Banco Central de Japón está creando yenes por el equivalente a 24 por ciento del PIB japonés en un plazo de dos años, y mantiene su tasa de fondeo en 0.10 por ciento anual desde octubre de 2010. Kuroda, presidente del Banco de Japón, persigue la meta de crear inflación a un nivel de 2.0 por ciento anual.

El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, por fin anunció la semana pasada la reducción de las tasas de interés hasta el extremo de ubicar la de depósitos en terreno negativo (-0.10 por ciento anual) así como nuevos programas de inyección de liquidez por 400 mil millones de euros para el sistema bancario, a efecto de forzar a la banca a prestar. Estas medidas estaban preanunciadas implícitamente desde varios meses. La reacción de los mercados podría haber sido letal y violenta si Draghi no hubiera anunciado nada.

EL CONTEXTO LOCAL

La economía mexicana cumple 18 meses de crecer anímicamente. El sector exportador observa una fase de aceleración, en donde las exportaciones no petroleras están creciendo en los últimos meses a un ritmo de 6.0 por ciento anual, mientras que el mercado interno se encuentra contraído o estancado en diversos ramos. La inflación tiende a la baja rápidamente. El desfase del gasto gubernamental propende a corregirse. Y las reformas económicas más importantes no se han aprobado en sus leyes reglamentarias todavía.

Es en este contexto que el Banco de México decidió reducir la tasa de referencia al nivel más bajo de la historia, a 3.0 por ciento anual (-0.50 por ciento), sorprendiendo a los mercados y a los agentes económicos en general. El mensaje del banco remarca que no habrá nuevas reducciones.

La reducción de las tasas en Europa y la promesa de mantener reducidas las tasas en dólares, puede generar un mayor flujo de recursos financieros hacia México y originar una nueva apreciación del peso mexicano, lo que nos pegaría en la competitividad. Así que reducir el atractivo para invertir en pesos puede ser adecuado, para evitar un encarecimiento relativo y artificial de nuestra moneda, y en nuestros precios en el mercado internacional.

Reducir la tasa de interés de corto plazo en pesos implica una tasa de interés negativa en términos reales, lo que equivale a la tasa negativa que estableció Draghi en Europa, para forzar a los bancos a prestar.
Creemos que la medida del Banco de México es correcta y oportuna. Esperamos ver tasas de Cetes en 2.80 por ciento anual, la TIIE en 3.30 por ciento, un tipo de cambio estable entre 12.75 y 13.00 pesos, un mercado accionario con tendencia alcista, y una mayor oferta de crédito por parte de los bancos.

¿Quiénes ganan? Los que deben dinero, como el gobierno, algunas empresas e individuos con préstamos, los bancos, los portafolios de inversión que tienen bonos a tasa fija que van a ver una plusvalía inmediata en sus valores, y también los exportadores.

¿Quiénes pierden? Los que prestan dinero, los que tienen bonos a tasa fija, los importadores, los que ya contrataron créditos a tasa fija, y los inversionistas en general que en el futuro van a ganar intereses inferiores a la inflación.

* El autor es director de Estrategia de Actinver.

Correo: eofarril@actinver.com.mx