Opinión

Errores históricos: el TLCAN no debe ser uno más

 
1
 

 

TLCAN (Shutterstock)

La historia de la humanidad se escribe narrando sucesos. En todo momento las coyunturas explican en gran medida porqué algunas cosas pasan a pesar de que la lógica y la razón sugieren un resultado distinto.

En épocas recientes, hemos sido testigos de una serie de acontecimientos que resultan realmente complicados de entender y que seguramente serán materia de análisis por muchos años. De estos, saltan a la vista el Brexit y la elección de Donald Trump. En ambos existen una serie de enormes interrogantes de lo que tuvo que pasar antes y durante el momento de decisión para llegar a esos resultados. Lo que nadie duda ahora es que, en ambos casos, estamos frente a eventos que son casi inverosímiles y que en gran medida constituyen errores históricos.

En los dos ejemplos citados parece darse una constante, el electorado en general se sintió engañado en cuanto a las posibilidades reales de éxito del candidato y que por lo mismo no podría darse el resultado que sí se generó. El otro tema es que, el engaño también radicó en no explicar a cabalidad los costos y resultados reales de lo que podría suscitarse a partir de una victoria improbable. El costo de dichos “errores” apenas se está dimensionando, pero son potencialmente incalculables y trans-generacionales.

Si en estos días se llevara a cabo una nueva elección o voto sobre los dos ejemplos en análisis, tal como lo sugieren diversas encuestas, el resultado sería probablemente distinto, lo cual hace suponer la existencia de un desencanto generalizado (o por lo menos de una mayoría creciente) con lo que va sucediendo a la fecha tanto en EU como en el Reino Unido. La pregunta entonces es, ¿por qué los opositores en cada caso no hicieron el trabajo necesario para dejarle claro al electorado las verdaderas consecuencias de llevar a cabo una “decisión equivocada”? Esa carencia de información es la que dio bases para la concreción de las fallas en los veredictos populares respectivos.

Las reflexiones anteriores son hasta cierto punto irrelevantes en lo que se refiere a los 2 ejemplos, porque en este momento no se pueden cambiar – aunque para mi sorpresa en el caso de Brexit parece estarse gestando una ola de opinión que podría generar un nuevo referéndum para dar marcha atrás a la terrible decisión que ahora se identifica – y en el caso de Trump no se pierde la esperanza de que con el cúmulo de errores e incapacidad manifiesta se pudiera iniciar en algún momento un procedimiento formal para su desafuero y destitución.

Fuera del ámbito de la especulación, hay un tema muy cierto en este momento en el que todos sabemos que estamos en la antesala de otro error histórico que podría ser evitable si nos damos a la tarea de corregir las desviaciones de la razonabilidad. Me refiero a la posible terminación del TLCAN. En ese sentido, me gustaría explicar y dejar claros los factores reales que se deben tomar en cuenta en este proceso, para que los costos de su extinción no se conozcan apenas después del nefasto suceso, simplemente porque las vindicaciones políticas de la Casa Blanca motivaron tal desenlace.

La revisión de los argumentos que se esgrimen por el equipo negociador de EU(que evidencian un ejercicio de ventrílocuo porque ni ellos se creen lo que dicen) son verdaderamente insostenibles. El déficit comercial de EU (que nada tiene que ver con preferencias arancelarias y mucho menos con México comparado con, por ejemplo, China), la pérdida de empleos de manufactura (que se motiva por la automatización y la evolución laboral en EU incluso anterior a la existencia del TLCAN), la invasión migratoria de malas personas (cuando en los últimos años se tiene una tasa deficitaria de migración desde México y son los migrantes el sector de la población con el menor porcentaje de problemas delincuenciales en ese país) y los abusos en la relación por parte de México (cuando en el mismo periodo del TLCAN el PIB de México ha perdido terreno frente al crecimiento del de EU), son evidentes falacias y tan solo excusas para el evidente deseo de desequilibrar la relación trilateral y llegar a un terreno propicio para declarar la inviabilidad del proceso y la supervivencia del instrumento comercial.

Es aquí donde debe entrar con urgencia la razón y el impacto de las verdaderas consecuencias que traerá consigo la eventual terminación del TLCAN (aun reconociendo que es cuestionable, desde el punto de vista de la legislación interna de EU, que el Presidente pueda unilateralmente ejercer las facultades previstas en el artículo 2205 del TLCAN sin que se requiera un acto del Congreso debido a la legislación que habilita al tratado internamente. Además, en ese contexto la facultad de revisión judicial con suspensión del aviso de terminación que seguramente detonaría algunas de las partes afectadas dentro de la misma nación americana).

El nulo efecto de recuperación de plazas de trabajo, el incremento neto de precios de productos finales (como televisores y automóviles), la ruptura de cadenas de suministro y eficiencias (logradas a lo largo de 23 años de integración económica), la destrucción de una planta exportadora en EU de la cual México compra 40 centavos de cada dólar de exportación, y la pérdida en EU de hasta 10 millones de empleos directamente vinculados con el TLCAN, son apenas algunas de las claras y obvias consecuencias que la extinción del tratado comercial generará hacia el país que promueve dicho desenlace.

En este proceso la verdad, los datos duros y la lógica no están imperando. Pero en este momento el veredicto aún está pendiente y por ello el llamado con urgencia a lanzar una campaña de información sólida que haga ver al electorado americano lo que su Presidente y equipo están por realizar. Teniendo claro que el haberlo elegido como mandatario fue una equivocación, no podemos darnos el lujo de ver como ahora se vuelve a generar un nuevo problema que se puede evitar. No queremos un Naftexit que únicamente engrosaría las filas de los errores históricos de la época.

Ya la industria americana entendió el tema y estamos viendo como los grandes corporativos, las uniones agrícolas, e incluso diversas organizaciones industriales, comerciales y sociales en los EUA están activamente manifestando la realidad de las repercusiones que una apresurada y torpe salida del TLCAN van a propiciar. En México no podemos perder tiempo. Es momento de actuar con diligencia, solidez y contundencia. Gobierno, empresariado, sindicatos, organizaciones económicas y sociales y población en general nos debemos volcar con decisión al tema y hermanarnos con quienes ya lo hace con decisión en EU. Esta labor decisiva reclama urgencia con esa misma determinación y energía de suma que se vio en las escenas por los sismos del 7 y 19 de septiembre pasado. Tenemos la receta y ahora hay que aplicarla.

Habría que destacar que, con esa misma fuerza, como nación independiente debemos buscar la diversificación de nuestras relaciones comerciales para no depender tanto de la que aún existe con el TLCAN (aun sabiendo que el comercio con EU no se extinguiría porque los principios de la OMC auspiciarían una relación diferente pero no nula). Derrotemos la inercia de errores históricos y dar un aliento a la lógica y al sentido común tan vapuleados en épocas recientes. Como dijera el clásico: ¡Sí se puede! 

*El columnista es socio director de Hogan Lovells.

También te puede interesar:
El rechazo a la realidad