Opinión

Érase una vez una Pyme (antes y después de la reforma fiscal)

La semana pasada comenté en este espacio sobre lo que considero que serán los beneficios que tendrá la economía mexicana con la reforma fiscal (“Costos y beneficios de la reforma fiscal”, 23 de septiembre, 2014). Sin embargo, también mencioné los costos que ha tenido, particularmente sobre la pequeña y mediana empresas o Pymes. En este sentido, considero que las Pymes fueron mayormente afectadas por la eliminación del régimen de pequeño contribuyente (o Repeco). Para ilustrar este punto, recientemente entrevisté a un empresario restaurantero que considero muy exitoso. Un empresario mexicano que comenzó de cero, afrontando un ambiente de negocios poco propicio para la inversión y que poco impulsa al emprendedor (trámites excesivos, imposibilidad de obtener crédito, etcétera).

En este sentido, me confió su estructura de costos, como porcentaje de sus ingresos, antes y después de la reforma fiscal. La característica más importante de esta Pyme es que algunas de sus empresas –que constituyen su restaurante–, se encontraban bajo el régimen de pequeño contribuyente y ahora no puede registrarse en el régimen de incorporación fiscal (RIF). A pesar de que podría considerarse como un caso particular, creo que es muy representativo de lo que le ha ocurrido a una gran cantidad de Pymes en nuestro país.

Para tener una visión completa de lo que este empresario paga en costos no relacionados con la operación o la administración directa de su negocio, voy a contemplar dos tipos de pagos: (1) cuotas del IMSS e Infonavit y (2) impuestos federales y estatales. En cuanto al primer rubro, este empresario paga alrededor de 20 por ciento de sus ingresos en cuotas del IMSS e Infonavit. Esto no cambió con la reforma fiscal. En cuanto a los impuestos federales y estatales –el segundo punto–, esta empresa paga 2.0 por ciento por concepto de ISN (Impuesto sobre Nómina), que representa 0.5 por ciento de sus ingresos totales (esto tampoco se modificó con la reforma fiscal). Pasando a los cambios que se gestaron con la reforma fiscal, antes de dichas modificaciones impositivas el empresario pagaba 17 por ciento de IETU -que con el cálculo de “ventas programadas” que podía utilizar como Repeco–, significaba 7.0 por ciento de sus ingresos totales y no pagaba IVA.

Ahora ya no paga el IETU, pero paga 16 por ciento de IVA, que representa 16 por ciento de sus ingresos totales. Asimismo, asigna 3.0 por ciento de sus ingresos al pago de IEPS por productos con “alto contenido calórico” (e.g. postres), que antes de la reforma fiscal no pagaba. Aquí hay que tomar en cuenta que la empresa deduce el ISR (Impuesto sobre la Renta) al 100 por ciento. No obstante, para poder llevar a cabo esto con la reforma fiscal, hubo que agregar 0.8 por ciento de costos administrativos recurrentes para el manejo de impuestos. En lugar de pagar el IETU con “ventas programadas” –antes de la reforma–, ahora hay que pagar el ISR, en donde se van acumulando créditos fiscales y hay que tener un manejo mucho más detallado de la contabilidad, por mencionar un ejemplo. Hasta aquí, sumando las cuotas del IMSS e Infonavit con los impuestos y los costos administrativos adicionales, este empresario ahora paga 40.3 por ciento de sus ingresos totales en impuestos, es decir, 12.8 puntos porcentuales más del 27.5 por ciento que pagaba antes de la reforma fiscal. Un incremento significativo de la carga impositiva.

Si bien podemos pensar que era un negocio que lograba eludir muchos impuestos y por justicia social debería de pagar más, hay que tomar en cuenta dos factores: (1) suben los impuestos, pero hay muchos insumos que se necesitan para su negocio en los que no le extienden factura, como cierto tipo de carne difícil de substituir, entre muchos otros más y que por lo tanto no puede deducir, y (2) una serie de “impuestos sombra” que ha tenido que pagar desde que este empresa inició operaciones y que en la medida que crece y se vuelve “más visible”, se han ido incrementando. ¿A qué me refiero con “impuestos sombra”? Si bien escribiré al respecto con detalle la semana que entra, me refiero a una serie de gastos recurrentes que tiene que afrontar este empresario para operar su negocio y que están relacionados con servicios públicos, responsabilidad del gobierno. De acuerdo a este empresario, estos “impuestos sombra” ascienden a 7.5 por ciento de sus ingresos. En resumen, esta empresa –que considero representativa de muchas Pymes en México–, paga cerca de 50 por ciento de sus ingresos en impuestos. Por ello es necesario mejorar los servicios públicos, como resultado del mayor pago deimpuestos, para que la carga impositiva adicional que impuso la reforma fiscal no se vuelva el diferencial por el cual deja de ser factible un negocio o la expansión de éste.

* El autor es director general de Análisis Económico de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones que se expresan en el artículo no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, por lo que son responsabilidad absoluta del autor.

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