Opinión

EPN y el guión de
"antes de mí, la nada"

“Los cimientos están puestos”. Con esta frase cinceló el presidente Enrique Peña Nieto la conclusión de su discurso con motivo del Segundo Informe de Gobierno. La oración es congruente con el tono que el Ejecutivo federal imprimió a su mensaje de ayer, salpicado de referencias sobre la diferencia que, según él, existe entre el México de antes de diciembre de 2012 y el de hoy.

“Había llegado la hora de romper juntos los mitos, paradigmas y todo aquello que había limitado nuestro desarrollo. Era tiempo de construir”, fue una de las primeras referencias de Peña Nieto sobre esta tónica triunfalista. Acto seguido, el mexiquense insistió en mencionar los contrastes. Van algunas:

“La violencia en México se está reduciendo (…) Éste es un cambio cualitativo que le ha dado nueva vida a colonias y barrios que estaban amenazados por la delincuencia. Y todavía más importante; les ha devuelto la esperanza a jóvenes que se encontraban cercados por la violencia”.

“Diconsa y Liconsa han recuperado su función social”. O sea que esos organismos habían perdido su función social y la ciudadanía ni en cuenta.

“El campo es uno de los sectores que está recibiendo apoyos que no había tenido en los últimos lustros”.

“Por primera vez se incluyó al turismo dentro del Programa Nacional de Infraestructura”.

Etcétera.

Volvamos a la frase de los cimientos. Quizá un presidente de México encuentra irresistible el declarar que con él ha llegado el inicio de una nueva era. Peña Nieto lo ha dejado perfectamente claro: si hubo que poner cimientos, es que se trata de una nueva edificación, de una obra no en remodelación, sino una que está por construirse desde lo elemental.

Cierto que este mandatario llegó a su Segundo Informe con una serie de reformas inéditas bajo el brazo; pero cierto es también que tanto la formulación de los detalles de esas legislaciones, como la implementación de las etapas iniciales de las mismas, ha hecho que muchos pasaran del alborozo y la esperanza sobre esos cambios constitucionales a la franca decepción por evidentes retrocesos en sus leyes secundarias o por la titubeante actuación de los nuevos órganos que las reformas parieron. O sea, el México de siempre. El del ya merito. Grandes reformas que a la hora de la verdad se convierten en una realidad chiquita, en buena medida porque el presidente no fue hasta el fondo.

Porque más allá del tsunami de cifras que Peña Nieto recetó a quienes lo escucharon durante hora y media, sigue en duda la capacidad de gestión de su gobierno en las materias que van más allá de los acuerdos políticos. Con eso en el panorama, el presidente ha anunciado la que será, sin dudas, una de las pruebas de fuego de su gobierno: la construcción de un nuevo aeropuerto para el Valle de México.

De nueva cuenta este gobierno muestra su talante ambicioso, veremos en qué se traduce. No sea que resulte que Peña Nieto es un muy buen guionista, uno que con evidente talento ha propuesto, en el papel, una narrativa diferente para México. Pero como todo mundo sabe, y luego de lo visto en estos 21 meses, un libreto ambicioso no basta para que una buena película se convierta en una realidad.

Dos apuntes finales sobre lo ocurrido ayer:

–¿Número de veces que EPN mencionó la palabra corrupción? Una.

–El evento nos permitió conocer un talento desconocido de Miguel Ángel Mancera: valet parking del presidente. El histórico Zócalo a merced de los guaruras. Insuperable.