Opinión

EPN, un presidente desnudo en París

 
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Peña Nieto

Enrique Peña Nieto llegó a la presidencia de la República con un proyecto no de nación, sino empresarial. Mediante una serie de megaproyectos inyectaría dinamismo a México. Esas obras, en manos amigas, generarían recursos simbólicos y materiales que les posibilitarían perpetuarse, a él y su grupo, en el poder.

Enrique Peña Nieto llegó a la presidencia de la República y pensó que podía ser el mismo de siempre. Si en Toluca fueron dispensados dinero y favores, manipulados indicadores, coptada la oposición y erradicada la crítica, y a pesar de ello se pudo construir una exitosa candidatura,¿como para qué cambiar lo que funcionó?

Enrique Peña Nieto llegó a la presidencia de la República y le ofrecieron un pacto. A él, creador de ese relumbrón llamado “te lo firmo y te lo cumplo”. El listado incluía cosas como transparencia, rendición de cuentas, anticorrupción. Firmaron, promulgaron y ya luego, en los hechos, socavaron eso que pactaron.

Enrique Peña Nieto llegó a la presidencia de la República e inició de inmediato el asalto a las instituciones. A varias de ellas ni el nombre les dejó. Su gente domina el INE. Su equipo tripula el Inai. Incluso la Corte ha sido violentada. Nada que tenga peso escapa a su influencia. Sus consejeros jurídicos lo mismo ocupan los pisos legislativos que van a los tribunales a intervenir en la querella, “entre particulares”, de una periodista incómoda.

Enrique Peña Nieto llegó a la presidencia y estableció una relación de mutua conveniencia con los gobernadores. Si tu no desafías la investidura, el Aguilita –como llaman algunos en Los Pinos al sello presidencial– te permitirá hacer en tu tierra lo que desees.

Enrique Peña Nieto llegó a la presidencia de la República y creyó que los astros se le habían alineado, que el plan corría sobre aceitados rieles: contratos para los amigos, leyes pactadas con una oposición domesticada, autocensura instalada, GDF de mayordomo…, incluso su feroz adversario tuvo el detalle de enfermarse de gravedad. Moviendo a México.

Pero una nación no se puede manejar como si fuera una entidad, y hoy el proyecto empresarial de gobierno está al punto del colapso.

Porque el plan, ahora está claro, tenía dos grandes defectos: veía en la corrupción una condición humana y cultural que no era necesario combatir, pues antes que amenaza podría facilitar la estrategia; y desestimaba cualquier agenda que no estuviera en sus planes.

Si la toleras, si no te importa que pulule, la corrupción demolerá tu credibilidad. No puedes promulgar un sistema nacional anticorrupción al mismo tiempo que tus personeros declaran que conocer los vuelos de Korenfeld pone en riesgo la seguridad nacional. No puedes creerte inmune a los escándalos de Higa, OHL, Enova/Proacceso, las casas…

Y no puedes darte el lujo de la indolencia. Prefabricadas verdades históricas no acallarán el dolor de las víctimas. El silencio mediático no hará desaparecer el rumor de la indignación popular.

Si no combates la corrupción, un día un narco, miren nada más por dónde vino a salir el tiro de la culata, un narco puede convertir a tu gobierno en el hazmerreír internacional.

Y hoy, cuando el mundo vea a Peña Nieto de visita en la 'Ciudad Luz', por todo el orbe se escucharán los cuchicheos, los murmullos: míralo, qué solemne, qué republicano, qué augusto. Iba ser un buen gobernante. Iba. Lástima que todo se fue, literalmente, por un caño.

El mundo verá estos días en París no al artífice del Pacto por México, sino a un presidente al que las consecuencias de sus omisiones han dejado desnudo.

Twitter: @salcamarena

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