Opinión

EPN, sin equipo para lidiar la crisis

   
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ME. “(La reforma educativa) no es negociable”, Chuayffet… en febrero.

 Van dos anécdotas que podrían ayudar a entender el nuevo capítulo de la crisis del gobierno federal.

1) Semanas antes de la elección de 2012, y cuando parecía inevitable el triunfo de Enrique Peña Nieto, Manuel Camacho Solís reconocía ante periodistas de El País que su mayor preocupación era la falta del conocimiento que sobre México y sus problemáticas tenía el grupo que arribaría al poder. “Las cosas se les van a ir de las manos”, advertía el exregente.

2) En las negociaciones del Pacto por México, en la plenitud del poder, Miguel Ángel Osorio Chong estaba tan confiado en las capacidades del nuevo gobierno que, palabras más palabras menos, dijo que la nueva administración estaba cierta de que lograría sentar en la misma mesa a la CNTE y al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. La ocurrencia fue celebrada por los interlocutores de Osorio: te ganarías un monumento, le contestaron sus interlocutores.

Tres años después, la realidad se impuso y resultó que Camacho Solís tenía razón. El gobierno lleva ocho meses en crisis y, de una manera muy torcida, Osorio Chong logró lo que buscaba: tiene alineados a la CNTE y al SNTE… pero en su contra.

Detenida Elba Esther, el sindicato oficial dejó de ser el dique que ayudaba a contener a los de la Coordinadora, que no tienen incentivo alguno para moderar un desafío que les ha resultado cada vez más redituable. Mientras que el SNTE, lejos de hacer fuerte al gobierno, juega a ganar en el río desmadrado por sus parientes incómodos.

Lo único más preocupante que este nuevo capítulo de la crisis es la duda sobre si Peña Nieto cuenta con los colaboradores adecuados para lidiar con el reto. Lamentablemente no es posible abrigar muchas esperanzas al respecto, pues fue decisión presidencial el no armar un verdadero gabinete, sino un club lleno de cuotas y de cuates.

EPN ha confiado su destino a una cúpula que anula a los secretarios de Estado (donde colocó a amigos que, como buenos cuates del presidente, se dejan anular, claro está). Además de coyuntural, el de Emilio Chuayffet es el caso que mejor explica lo disfuncional del esquema.

A Chuayffet se le ha ninguneado desde el principio del sexenio. El gobierno nunca guardó las formas y dejó correr la versión de que la reforma educativa había salido de la oficina de Aurelio Nuño, a quien una y otra vez se le ha candidateado para sustituir, precisamente, a Chuayffet. Y cuando comenzaron los problemas con la CNTE, el secretario de Educación fue desplazado por Luis E. Miranda y por Osorio Chong.

Chuayffet se tragó el comunicado del viernes, que según ha trascendido le llegó redactado, y si la semana entrante le ordenan renunciar, el mexiquense obedecerá a su paisano sin chistar. Pero el sacrificio de este chivo expiatorio no aplacará la tormenta.

Si el gobierno nunca le dio a Chuayffet la estatura de interlocutor, la Coordinadora hará un buen cálculo al no apreciar esa renuncia como un gesto de valía.

Y así en varias carteras. Si no hay un secretario de Comunicaciones y Transportes con solvencia, cada crisis que estalle alcanzará al presidente. Si Luis Miranda no puede irse porque es amigo de Peña Nieto, entonces chantajearlo es un gran negocio. Etcétera.

La crisis es muy grave, pero luce peor cuando se ve quiénes tratarán de desactivarla.

Twitter: @SalCamarena

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