Opinión

EPN, demoledor de instituciones

 
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Peña Nieto

En declaraciones recientes el presidente Peña Nieto ha destacado, acertadamente, el peligro del populismo. El problema es que, como en el tema del combate a la corrupción, su gobierno no predica con el ejemplo. Con respecto al riesgo populista, dio un formidable golpe al cimiento institucional del Inegi.

Los populismos florecen cuando las instituciones son débiles. Ayer el gobierno, por medio de la mayoría que el PRI y sus aliados tienen en el Senado, consumó una serie de ilegalidades. El desarrollo profesional de Paloma Merodio es, sin duda, notable para su edad, pero claramente incumplía los requerimientos establecidos por la Ley de Información Estadística y Geográfica para ser vicepresidente del Inegi para Información Demográfica y Social.

Las evidencias, no las palabras, acreditaban esa insuficiencia legal, sobre todo en años de actividad en cargos de alto nivel. Por ello, la propuesta del presidente (con una justificación que daba pena por sus falsedades y exageraciones) debió ser rechazada tras un mínimo examen. Por el contrario, la maestra Merodio ayer fue ratificada en el cargo por el Senado. Por añadidura, ese puesto implica un conflicto de interés directo con el cargo que Merodio dejará en la Secretaría de Desarrollo Social (también politizada por acciones del propio presidente). Esto aparte de un posible conflicto de interés por una empresa familiar.

Dicho proceso de ratificación estuvo plagado, además, de violaciones al reglamento del propio Senado. La mayoría de sus integrantes, sin pudor, atropellando esas reglas para poder complacer al líder. El titular del Ejecutivo muestra, así, una notable involución. Del presidente que no titubeó en destituir a un colaborador cercano (el procurador Federal del Consumidor) por la prepotencia de su hija, ahora no duda en derruir la credibilidad de una institución fuerte, arrasando con cuanta legalidad se atravesó en el camino. Enrique Peña mostraba un fino oído para el sentir público en 2013, al tiempo que trabajaba de manera multipartidista con el Pacto por México. En 2017 mostró una sordera fenomenal (ante numerosas protestas, particularmente de académicos) mientras forjaba en el Senado el Pacto por Merodio apoyado en la aplanadora priista.

El proceso culminado ayer es suficientemente preocupante. Pero además confirma una tendencia: la disposición al atropello legal en la búsqueda de un objetivo político. Basta ver el descarado despliegue de funcionarios y recursos en el Estado de México como otra pieza en dicha estrategia. Ahí el populismo (como la demagogia del llamado salario rosa) es apoyado. Peña Nieto, quien se vislumbraba como un presidente transformacional, en cambio se transformó en demoledor de instituciones. Y en noviembre le corresponde designar al sucesor de Agustín Carstens al frente del (hasta ahora) sólido Banco de México. Una propuesta que, también, debe ser ratificada por el Senado.

Twitter: @econokafka

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