Opinión

Entiéndanlo, EU es primero: Hillary y Donald

 
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ME Hillary Trump

Hillary Clinton y Donald Trump, contendientes a la presidencia de Estados Unidos, coinciden en algo fundamental; ambos describen la economía como un ámbito en el que se libra una competencia en la que alguien debe perder para que otro pueda ganar.

Los dos consideran que la globalización no ha favorecido a su economía tanto como debiera. Cualquiera de los dos que sea presidente, irá por más; ambos quieren menos déficit comercial
–principalmente con China y con México– y que su comercio exterior se mida también por la generación de más empleos nacionales.

En su discurso, los dos han trasladado el eje de atención sobre el bajo crecimiento, alto desempleo y endeudamiento público y privado de su economía nacional, a la distribución que el comercio exterior hace de la producción entre países; su conclusión (sobre falsas premisas) es que Estados Unidos lleva la peor parte de la globalización.

Al pasar la atención del crecimiento económico a la distribución internacional de la producción y del empleo, lo que se estará afectando es la política exterior de Washington en un sentido autoritario, impositivo, como lo anticipa el discurso nacionalista con el que ambos contendientes intentarían legitimar el replanteamiento del lugar de Estados Unidos en la globalización.

Clinton dice estar comprometida con hacer que cualquier acuerdo comercial que firme Estados Unidos genere empleos, contribuya a mejorar los salarios y acelere su crecimiento económico. En esa línea, ha dicho que renegociaría el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá.

Trump está convencido de que Estados Unidos está perdiendo la guerra comercial –repito, con China y México sobre todo– y de que el TLC es “uno de los peores acuerdos hechos por nuestro país”. Ha reiterado que renegociaría ese tratado “para conseguir una oferta mucho mejor para Estados Unidos y vamos a romper la relación si no conseguimos el trato que queremos”.

El discurso de Trump es todo lo despreciable que pueda ser el de un político fascistoide, pero su esencia es su proteccionismo y su decisión de conseguir que Estados Unidos sea el beneficiario del mundo globalizado, sobre la idea de que para ello, otros tienen que perder. Eso es lo que lo hace peligroso para todo el mundo.

El recurso al alcance de Trump, si es presidente, sería la imposición de aranceles para reducir las importaciones de productos extranjeros, que en su mayoría son de grandes corporaciones transnacionales.

Los impuestos que ya tiene calculados son los que le impondría a las importaciones provenientes de China (45 por ciento) y a la mayoría de las que entraran a Estados Unidos desde México (35 por ciento).

El lado bueno de tal situación es que obligaría a México a revisar la estrategia de integración a la región norteamericana, que se asumió como el único destino posible para nuestro país desde el gobierno de Carlos Salinas.

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