Opinión

Enrique Peña Nieto cambia de piel

 
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Trump, EPN

Si algo no esperaban los mexicanos hace menos de 48 horas era la posibilidad de una visita de Donald Trump a México. La noticia empezó a filtrarse la noche del martes. Tan pronto la supimos, hablé en EL FINANCIERO Bloomberg TV con el internacionalista Fausto Pretelín, quien apuntó los altos riesgos del suceso, en lo que muchos coincidían: sólo hay riesgos. Uno de ellos se materializó en cosa de minutos: miles de mexicanos rechazaban a Trump, y los partidos descalificaban al presidente Peña por recibirle aquí.

Pero el huracán pasó y Peña siguió firme, reconfirmando que nuestro país no pagará por el muro. Mientras, Trump continúa abajo en las preferencias del electorado estadounidense, y será hasta dentro de varios días que podrá saberse si esta visita o su discurso anoche sobre temas migratorios le alcanzarán para revertir la tendencia a la baja y superar a Hillary Clinton. Lo importante es, entonces, que el presidente Peña atravesó por el vendaval, lo hizo en su territorio, y sentó las bases para fijar posturas sobre la relación bilateral en caso de que Trump triunfe.

Este es quizás el movimiento más audaz que le hemos visto al presidente Peña Nieto en lo que va de su sexenio. De hecho, podría decirse que la audacia es una frecuencia de vibración energética que parece haberse apoderado del presidente en los últimos siete días; primero, por la visita de Trump, segundo, por el reconocimiento explícito e inédito de que la violencia en el país ha aumentado, y tercero y muy notorio, por el ejercicio de diálogo democrático que conducirá esta noche al hablar frente a frente con jóvenes, en lo que será el más atrevido encuentro de rendición de cuentas que haya hecho jamás algún presidente en un Informe de Gobierno.

Enrique Peña cambió de piel. Dejó atrás la 'institucional' y se enfundó con la de la 'audacia' en cuestión de horas. La anterior le sirvió para pactar con los partidos de oposición las reformas estructurales. La nueva apenas la estamos conociendo. Pero lo que es indiscutible es que hubo un cambio radical en un abrir y cerrar de ojos. Es tan fundamental el cambio, que los politólogos no terminan de comprenderlo y no saben al 100 por ciento cómo abordarlo. Por eso la expectativa es mayúscula para el formato del diálogo con los jóvenes hoy, y por eso muchos no sabían cómo reaccionar ante el diálogo con Trump, lo que les tomó por sorpresa.

Si a partir de ahora y por los siguientes dos años el presidente Peña será un individuo audaz, fuera de protocolos priistas tradicionales y capaz de comunicar sus metas de gobierno con autenticidad y sin que lo cuiden tanto, hay que prepararse: el PRI podría no irse de Los Pinos, como lo vaticinó Juan Gabriel.

¡Cuánta curiosidad!

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