Opinión

Enrique Ochoa, suicida defensa de una casta

   
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Enrique Ochoa Reza. (Especial)

Desde la primera hora de su joven gestión al frente del tricolor, Enrique Ochoa Reza basó en el combate a la corrupción el eje de su discurso.

El líder nacional del PRI alzó la voz para fustigar reprobables conductas de diversos mandatarios estatales, a quienes se culpaba del fin del histórico dominio de los priistas en estados como Tamaulipas, Quintana Roo o Veracruz, y de ser la raíz de dolorosos reveses en entidades que ya habían recuperado, como Chihuahua.

Imposible contradecir a Ochoa en ese renglón.

Ochoa llegó al PRI luego de la derrota de junio con la idea manifiesta de emprender una limpia de corruptos. Esa batalla es en dos frentes: al interior del partido y hacia la sociedad en general.

El fin de semana Ochoa recibió un bazucazo, presumiblemente de fuego amigo que, sin embargo, lo desgasta, sobre todo en el segundo frente, en su imagen ante electores que al PRI le urge recuperar.

Diversos medios publicaron que Ochoa Reza cobró una liquidación de 1.2 millones de pesos por su paso de poco más de dos años al frente de la Comisión Federal de Electricidad.

La defensa del eléctrico colaborador de Enrique Peña Nieto no puede ser más reveladora. Y más que preocupante para la pregonada batalla contra la corrupción.

“No recibí trato preferencial alguno”, dijo en un video Ochoa. Esa línea resume toda una filosofía, una manera muy particular de vivir en la confusión, de no entender lo que la sociedad demanda.

No está mal lo que ustedes creen que está mal porque no soy el único que al haber pasado por la CFE ha recibido una liquidación tan abultada. Ese el mensaje de Ochoa Reza.

Dueño de una retórica vehemente, de estudios en México y en el extranjero, en cinco palabras Ochoa reprueba en una materia elemental: no entiende que cuando se dice corrupción, la gente también piensa en esas condiciones, así sean legales o tradicionales, a las que sólo tienen derecho aquellos que pertenecen a esa casta dorada que es la alta burocracia.

Ochoa pierde el foco de manera lamentable. Él tuvo el privilegio de que se le encargaran los destinos de una empresa fundamental en el país. Ese privilegio pudo haberlo usado para muchas cosas, entre ellas para mandar el mensaje de que a diferencia de otros directores de la CFE, él podría ajustar un mecanismo de retribuciones que a todas luces, desde cualquier café o escritorio, es visto como desproporcionado, abusivo, injustificado e insultante en un país que año con año batalla para que no tantos mexicanos caigan en pobreza.

En entrevista con Animal Político, uno de los medios que publicó la noticia de su millonaria liquidación, es palmaria la incomprensión de Ochoa sobre lo falaz del argumento que usa como defensa. Cito a ese portal: “criticó que la normatividad vigente sólo considerara la antigüedad y no “el desempeño”, porque –según su versión– tuvo logros durante su administración que no consiguieron sus predecesores” (http://bit.ly/2d9fX44)

Bola de malagradecidos, ni critiquen el monto porque incluso me parece poco, manda decir el presidente del PRI, que ayer movió a su partido para congelar los derechos partidistas de Javier Duarte.

Corrupción, hay que repetirlo, es toda ventaja indebida.

La liquidación de Ochoa le causará burlas e incomodidad dentro del PRI. Nada grave. Pero afuera, donde raro es el patrón que medianamente cumple con sus obligaciones cuando despide a trabajadores, ahí le robará credibilidad.

Porque Ochoa sí recibió un trato preferencial: el de servir en la función pública, no el de servirse de ella y encima decirse mal pagado.

Twitter: @SalCamarena

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