Opinión

Enrique Ochoa Reza: sin 3de3 ni historia

  
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Enrique Ochoa Razo

En los últimos días la prensa ha destacado tres aspectos de la trayectoria de Enrique Ochoa Reza, nuevo líder del Partido Revolucionario Institucional.

Diversos comentaristas han subrayado sus capacidades técnicas (tanto su preparación académica en México y en EU, como una interesante carrera, lo mismo en el sector energético que en el campo electoral). Otras columnas destacaron que por su relativa juventud (tiene 43 años), podría representar a una nueva generación, lo que le ayudaría a lograr interlocución con un electorado joven, hoy lejano al PRI. Ambos atributos, dicen, lo harían un gran contendiente a la hora de debatir con (entre otros) el panista Ricardo Anaya.

Finalmente, pero para nada asunto menor, entre los haberes del michoacano estaría su cercanía con el presidente Peña Nieto y con el grupo compacto del mexiquense.

Así, independientemente de la forma dinosáurica en que fue designado presidente del PRI, Ochoa Reza tendría todo para hacerse del partido y, supuestamente, para conectar con una ciudadanía distante al tricolor.

Cierto, tiene todo salvo una historia propia, una que tenga sentido, una que luzca congruente y creíble. Una historia que, al mismo tiempo, le ayude a granjearse a los priistas de raza y a esos sectores críticos que miran con desdén a bebesaurios como Ochoa Reza, dueños de discursos pero no de explicaciones sencillas y coherentes sobre su abultado patrimonio.

El itamita Reza tendrá que demostrarle a los priistas que, a pesar de haber sido impuesto por Peña Nieto, ello no le limitará para abrir y conducir un debate que brinde a la militancia de su partido el espacio que los tricolores requieren tanto para digerir las derrotas, como para entender desde dónde han de posicionarse de cara a las elecciones del 2017 y 2018.

El exdirector de la CFE tendrá que mostrar a sus correligionarios que cuenta con la capacidad para hacer que Peña Nieto entienda el malestar social que cobra en las urnas los pésimamente manejados casos de conflicto de interés.

Quien es producto de un dedazo, tendrá que convencer que hay margen para la meritocracia, que las candidaturas no vendrán de Luis o de Enrique (el otro), que habrá métodos y procedimientos que permitirán candidatos con arrastre así no los quiera el gobernador o el presidente mismo.

Ése es apenas la mitad de su reto.

La otra mitad es que en medio de una urgencia por la transparencia, Ochoa Reza tendrá que contarle a la ciudadanía una historia de vida que sea creíble.

Que cuente cómo pudo hacerse en el año 2000, a punto de irse al extranjero a estudiar, de decenas y decenas de placas de taxis (en su declaración patrimonial de 2015 decía tener 110 con sus respectivos autos, mayoritariamente modelo Tsuru, y en la declaración de 2016 dice que ahora sólo tiene 50 placas y mismo número de autos). Una biografía que cuente cómo ha construido la abultada colección de arte que posee.

¿Abrirá su declaración fiscal para ver si pagaba impuestos por los taxis? ¿Explicará por qué si publicaba promoviendo compras de autos híbridos para mitigar contingencias ambientales, ninguno de sus taxis es híbrido?

Hay momentos de vida que operan milagros. Ayer, luego de no haberse decidido a ello durante sus casi cuatro años en el gabinete, Ochoa Reza anunció que en cuestión de días presentará su declaración patrimonial.

Tendrá que hacer más que eso. Una declaración tres de tres, como la que tenía su antecesor, como la que tiene Anaya, debería ayudarnos a entender quién es el señor Ochoa Reza. Será un paso, pero contará mucho el cómo lo dé.




Twitter: @SalCamarena

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