Opinión

Enfrenta TPP obstáculos ideológicos en Propiedad Intelectual

 
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La inminencia de la llegada del TPP a nuestro sistema legal, en el área de derechos de autor y patentes, ha revivido una manifiesta oposición social que recientemente ha surgido en diversos países y con sorprendente convicción en el nuestro.

En particular podríamos referirnos a dos precursores de la animadversión: por una parte, la polémica que en su momento se gestó por la exigencia de los laboratorios Abott y Merck de mantener a tope el monopolio de sus patentes de medicamentos contra Sida y cáncer, que inclusive dio lugar a serios conatos de ruptura en la ronda de Doha de la OMC; la otra, los fallidos intentos de leyes como SOPA y ACTA, que fueron mal gestionadas y crearon una nutrida oposición de usuarios de internet ante supuestas amenazas a su libertad de expresión en la red.

En ambos casos el gran villano fue personificado por la Propiedad Intelectual, borrándose de un plumazo la contribución histórica de estos sistemas a la cultura, la creatividad industrial y el libre mercado.

Sorprendentemente, hasta grupos que intelectualmente cuentan con un bagaje de amplio espectro, y autoridades de diversos niveles, se subieron a la ola de críticas, en un ejercicio abolicionista de un burdo amarillismo, sin precedente en la historia de esta legislación en el país.

Más allá de la inevitable resistencia que las modificaciones auspiciadas por el TPP enfrentarán, resulta preocupante constatar que las banderas de la disidencia se basen en argumentos extremistas y descontextualizados. En mi opinión, resulta urgente y deseable que se impulse una dinámica de intercambio de ideas que pueda trascender a los foros de especialistas, en la que se redimensione el rol que estas leyes cumplen en sociedades como la nuestra.

El gran peligro de dejar que el deterioro de la credibilidad siga su curso es el inevitable incremento en el consumo de productos falsificados, la reducción de los niveles de patentamiento de mexicanos, y en general, el desapego de los sistemas de protección de bienes intangibles.

Por varias décadas, el discurso oficial se ha enfocado en resaltar los daños que causa la piratería. Hoy resulta necesario cambiar la ruta para mostrar a amplios sectores de la sociedad la forma en que todos nos beneficiamos cotidianamente de la eficacia de estos sistemas regulatorios. El arquitecto que diseña nuevas construcciones vende capital intelectual; el programador que desarrolla sitios de internet en realidad moldea bienes intangibles protegidos por derechos de autor; y hasta el que maneja un Uber debe agradecer que la distintividad de la marca de la aplicación en un teléfono celular garantice la identidad para la prestación del servicio. Todos, beneficiarios “ocultos” de los derechos de Propiedad Intelectual, que suelen ignorar los mecanismos subrepticios sobre los que se mueven estas normas para permitir la eficacia de los mercados.

No resulta comprensible que en planes de estudio de las universidades del país en licenciaturas como ingeniería, economía, diseño, arquitectura, comunicaciones o mercadotecnia, no se difunda conocimiento de Propiedad Intelectual, condenando a nuestros estudiantes a un rezago notable de la disciplina que se ha constituido como la divisa de intercambio en la llamada economía del conocimiento.

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