Opinión

Energéticos

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó en sus periódicos las reacciones a la aprobación en lo general, y en lo particular, del dictamen de la minuta de la Ley de Hidrocarburos que permitirá a las empresas privadas, nacionales o extranjeras obtener contratos para intervenir en los procesos de exploración y explotación de hidrocarburos y en la importación, mantenimiento, distribución y venta al público de gasolinas, diésel, gas y turbosina. Fiuu, Gamés nunca pensó escribir todas estas palabras seguidas y sin parar, aigoeeeei.

Entre las reacciones de más alto nivel, se cuenta la de Mario Cuevas, diputado perredista: “Esta es la reforma madre, pero porque le van a poner en la madre a la gente. Tal parece que se horneó en el mercado de Sonora, donde a los empresarios se les preguntaba: a ver, ¿qué quieres que lleve esta ley? Nos estamos bajando el pantalón ante los inversionistas extranjeros”. Caracho: mercado de Sonora, bajarse el pantalón, el refinamiento educativo del diputado ha dejado a Gilga con los ojos de plato, y eso que Gamés no se asusta con las insinuaciones sexuales. Por cierto, ¿cómo la ven?, sin albur ni nada.

La tierra prometida

Ciertamente, los diputados priistas y del partido Verde Ecologista, que ni es verde ni es ecologista, comentan que el futuro de la reforma energética será la tierra prometida. Lo menos que proponen es una prosperidad a raudales. Gil recuerda el día infausto en que López Portillo declaró que el porvenir para el país consistía en la administración de la abundancia. ¿Año de 1978? ¿Estamos seguros que no tiene nada qué ver ese momento con el actual? ¿Nada? Que la boca se la haga chicharrón a Gamés.

De la misma forma, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas ha afirmado que la reforma energética dejará tierras yermas, vastos territorios baldíos, pobreza a raudales, venta indecente de la soberanía, un país en harapos, sin identidad ni nada. ¿Estamos seguros de que la reforma energética traerá ese enorme mal a México? ¿Tiraremos la ventana por la casa, o como se diga?

De Liópez y Morena, ni qué decir; él y ellos están convencidos, simple y llanamente, de que un grupo, la mafia en el poder para más señas, se llevará costales y costales de dinero a sus casas y cuentas bancarias. Ese es el principio y fin de la reforma, saquear al país ante los ojos azorados y tontos de los mexicanos. Caracho, Gamés no quisiera ponerse zonzo, pero ¿no habrá un in bet-ween, algo menos rasposo, menos dogmático en los dos polémicos sentidos? Gil se refiere a la visión de ambos mundos, a la forma de ver y vivir un hecho. En fon.

Vienen las marchas

Lectora y lector, quédensen, o como se diga, en sus casas. Las marchas para defender la soberanía nacional incluyen el fastidio definitivo de los habitantes del Distrito Federal y zonas conurbadas (así se dice). Ni modo, ¿quieren país digno?, todo tiene un precio, de tripas corazón; se bajan de los camiones y caminan (ca-ca) pues las calles estarán bloqueadas. Oigan esto: de la Estela de Luz al Senado; de ahí, a Gobernación, y más tarde, al Zócalo. Pssf.

Un señor Narro dice que habrá réplicas en 26 lugares de la República. Na. Gil se permite dudar de esas movilizaciones. Parece ser que en Zumpango va a ocurrir una manifestación monstruo y que en la carretera Cuautla-Xochiapan desfilarán, indignados y ofendidos, miles y miles de campesinos. La cosa viene fuerte (no empiecen) y eso que todavía Liópez no grita su frase favorita: ¡que se oiga claro y lejos, song unos tramposos, los del priang! Gil pide encarecidamente al Dios de las reformas que se aprueben y a otra cosa. ¿Ustedes no están hasta el queque?

La máxima de Séneca espetó en el ático de las frases célebres: “Cuanto mayor es la prosperidad, menos se debe confiar en ella”.

Gil s’en va