Opinión

Encuestas, ¡a volar!

   
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ME. Una pesadilla llamada Bronco.

El desafío de Jaime Rodríguez al statu quo en Nuevo León trascendió fronteras. Los principales medios de comunicación del mundo han publicado reportajes de El Bronco, el candidato independiente que, afirman, está a punto de lograr lo imposible: derrotar al PRI, al PAN, la élite empresarial y a todos aquellos que dentro del sistema orgánico mexicano, se le oponen. El romanticismo está alimentado por la alarma en la campaña de la priista, Ivonne Álvarez, ante el riesgo de la profecía autocumplida, donde la fuerza de la predicción de la victoria de su adversario pueda hacerla real. ¿En dónde se inspiraron esas conclusiones?

De una encuesta del periódico El Norte –placenta del Grupo Reforma–, que tenía algunos problemas de fiabilidad. La ficha metodológica establece que no toda se realizó en vivienda y que de las tres mil 100 personas a las que se les presentó el cuestionario, mil 530 rechazaron leerlo y 35 más suspendieron la entrevista. Es decir, más de 50 por ciento de las personas seleccionadas para ser encuestadas, no respondieron nada. Ese estudio era el único público que lo daba como puntero, hasta este lunes, que El Universal estableció que había un empate técnico en Nuevo León, con Rodríguez arriba.

Eso detona más el entusiasmo por una candidatura independiente y sus implicaciones, en caso de ganar, para 2018. La profecía que se está cumpliendo tiene mucho que ver con la debacle de Rodrigo Medina como gobernador y la campaña abierta que por sus presuntos actos de corrupción le lanzó El Norte. La pregunta objetiva es si el voluntarismo que anima a El Bronco podrá superar la movilización priista. De acuerdo con El Universal, el voto duro del PRI supera tres a uno el respaldo por El Bronco, pero 44 por ciento de los neoleoneses se declaran independientes. La incertidumbre en la urna, como en una democracia madura, es lo que manda.

Estas circunstancias colocan a las encuestas en el centro del debate. Las encuestas no son instrumentos de predicción, pero eso es como las toma la mayoría. Nuevo León es el ejemplo de las percepciones. Al ser el Grupo Reforma el medio de referencia en encuestas, su palabra fue ley. Pero hasta la publicada este lunes por El Universal, todas las demás empresas, Demotecnia, Covarrubias y Asociados, GEA-ISSA, Mendoza Blanco y Parametría, tenían a Álvarez arriba de sus adversarios por al menos cinco puntos.

A casi nadie le interesó la ficha metodológica de El Norte para impulsar a El Bronco, y tampoco parece ser relevante para muchos medios de comunicación que no establecen los matices necesarios para que después, frente a los resultados, no haya sorpresas y descalificaciones. Un estudio relevante sobre cómo la metodología puede cambiar las cosas, lo acaba de realizar Parametría en conjunción con EL FINANCIERO.

La semana pasada dieron a conocer una encuesta doble en la capitalina Delegación Miguel Hidalgo, en vivienda y telefónica. En vivienda, el candidato del PRD, PT y Nueva Alianza, David Razú, tenía 35 por ciento de la preferencia electoral, frente al 28 por ciento de la panista Xóchitl Gálvez. Pero en la telefónica, Gálvez obtuvo 37 por ciento contra 26 por ciento de Razú. ¿Quién ganará ahí? En esa demarcación 20 por ciento de la población no tiene teléfono fijo, lo que significa que en una telefónica, uno de cada cinco electores no fue encuestado. A nivel nacional, sólo 44 por ciento de los mexicanos tiene teléfono fijo, lo que muestra la parcialidad objetiva de cualquier encuesta y el sesgo que entre más elevado el nivel socioeconómico, mayor el voto antigobierno.

La falta de cuidado de una persona para revisar las fichas metodológicas lleva a confusiones y permite que ganadores y perdedores inunden la opinión pública con su propaganda y dichos postelectorales. Si no fuera suficiente, hay problemas aún más complejos. Por ejemplo en Querétaro, donde de acuerdo con algunos encuestadores, cuando le preguntan al elector por quién va a votar, el panista Francisco Domínguez aventaja en las preferencias. Pero si se presenta al encuestado la boleta electoral, el priista Roberto Loyola es quien gana.

En las elecciones presidenciales en 2012, los encuestadores sobreestimaron a Enrique Peña Nieto porque hicieron los cálculos sobre el resultado de las boletas –que al ser lo que está en la urna, parece lo correcto–, y desecharon todos los negativos sobre la persona, que fue al final de cuentas la base sobre la que se votó. En la elección presidencial de 2006, el caso fue más claro: el candidato del PRI, Roberto Madrazo, tuvo 24 por ciento del voto, pero el PRI llegó al 28 por ciento.

Las casas encuestadoras mexicanas llevan varios años metidas en polémicas y descalificaciones. Diferentes metodologías, algunas de ellas cuestionadas fuertemente entre ellas mismas, no han permitido una convención que evite el descrédito en cada elección. Últimamente se ha volteado a ver la experiencia en las recientes elecciones generales en el Reino Unido, donde la encuesta de encuestas mostraba una pelea muy cerrada entre conservadores y liberales, que al final resultó victoria holgada para los primeros, por la sobrestimación de los segundos.

“Tenemos un problema con las encuestas”, reconoció Nate Silver, el afamado y certero estadístico, fundador del portal FiveThirtyEight. Las encuestas fallaron en las elecciones intermedias en Estados Unidos, en Israel y en el referéndum independentista escocés. También en México existe ese problema, y el gremio tendría que hablar, analizar y revisar sus metodologías antes que los ciudadanos, gobiernos, partidos y candidatos, los manden a volar.

Twitter: @rivapa

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