Opinión

En el Banxico, ¿en qué no le creen a Hacienda?

 
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Agustín Carstens, gobernador del Banco de México (Banxico) [Cuartoscuro/Archivo]

El debate sobre el crecimiento de la deuda pública en México y su medición ya escaló al nivel de los actores públicos más relevantes en el manejo de las políticas fiscal y monetaria en el país.

Abiertamente fue tema en la pasada reunión de política monetaria del Banco de México (Banxico), a la que asistieron como invitados el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, así como el subsecretario Fernando Aportela.

Así lo deja ver la minuta de esa reunión, que se llevó a cabo el 21 de septiembre, en la que participaron el gobernador del Banxico, Agustín Carstens, y los subgobernadores Roberto del Cueto, Javier Guzmán, Manuel Ramos y Manuel Sánchez.

Según la minuta, “la mayoría (de los integrantes de la Junta de Gobierno del Banxico) señaló que es necesario estabilizar la razón del saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público (SHRFSP) a PIB en niveles que sean sostenibles en el largo plazo”.

Ese indicador, que suma todas las obligaciones de pago, es la medida más amplia de la deuda pública.

Para el cierre de 2015 el gobierno federal estima un nivel de 46.9 por ciento del PIB para el SHRFSP, después de que el año anterior fue de 43.4 por ciento.

Pero para 2016 se estima un nivel máximo histórico de 47.8 por ciento del PIB.

Uno de los cinco miembros de la Junta de Gobierno del Banxico advirtió de que “en lo referente a las cuentas fiscales hay información asimétrica e incompleta y un ajuste intertemporal de las finanzas públicas puede ser inconsistente” en términos, presumiblemente, de la efectividad en los recortes anunciados del gasto.

Se entiende que si hay información asimétrica e incompleta es porque algunos indicadores fiscales no son comparables ni tienen el mismo significado, y la lectura que ofrecen es insuficiente.

Es el caso del déficit presupuestario, que se estima que al cierre de 2015 sea equivalente a 1.0 por ciento del PIB y que el próximo año se reduzca a 0.5 por ciento, antes de alcanzar el equilibrio en 2017.

Obviamente el déficit presupuestario tradicional –sin inversión en proyectos de alto impacto– no es el mejor indicador de la situación de las finanzas públicas nacionales.

El mismo integrante de la Junta de Gobierno del Banxico señaló que, al haber información asimétrica e incompleta, “se requiere de un mecanismo efectivo de monitoreo” de las cuentas fiscales.

También dijo que “tal como lo ha enfatizado la Secretaría de Hacienda, la evolución del saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público podría ser dicho mecanismo”.

Las referencias en la minuta del Banxico sobre la necesidad de estabilizar el saldo de la deuda pública como proporción del PIB y de activar un mecanismo de monitoreo, no deben soslayarse.

Sólo así se podrá reforzar la confianza en las cuentas fiscales y evaluar adecuadamente la deuda pública para enfrentar los riesgos que pudiera representar.

Twitter: @VictorPiz

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