Opinión

¿En qué México vivimos?

La pregunta que titula esta entrega viene a cuento por las diversas informaciones recientes que, para la opinión pública, retratan a dos Méxicos:

Uno en progreso económico gracias a las reformas estructurales aprobadas en el último año, y otro en involución social debido a los elevados niveles de violencia en algunas entidades del país.

En efecto, la situación actual de México produce claras luces de optimismo en el plano económico, pero genera fuertes sombras de pesimismo en el terreno social.

Lo bueno

El primer fruto de las reformas aprobadas en 2013 ya se materializó en el aumento de la calificación de la deuda soberana del país por parte tanto de Standard & Poor’s (S&P) como de Moody’s Investors Service.

Primero fue S&P, que el 19 de diciembre subió la calificación de México de BBB a BBB+ tras la aprobación de la reforma energética y otras, como la hacendaria, que refuerzan las expectativas de crecimiento de nuestra economía.

Después fue Moody’s, que el pasado 5 de febrero incrementó la calificación del país de Baa1 a A3 gracias a las reformas aprobadas el año anterior, que en su opinión deben elevar el crecimiento potencial de la economía.

En este caso se trató del primer upgrade en la escala de Moody’s desde enero de 2005, además de que México obtuvo la máxima nota en su historial crediticio al alcanzar la categoría de las A, la de los deudores más solventes.

Ambas calificadoras coinciden en que el impacto de las reformas se manifieste en mayor grado en el mediano plazo, durante la segunda parte de la administración del presidente Enrique Peña.

La mejor calidad crediticia del país hará más atractivo para los inversionistas extranjeros tomar posiciones en activos financieros denominados en pesos.

Previo al anuncio de Moody’s, la tenencia de bonos gubernamentales denominados en pesos por parte de los inversionistas foráneos se mantenía cerca de sus máximos históricos.

El factor confianza será clave para que México marque diferencia respecto de otras economías emergentes que recientemente han registrado salidas de capitales.

Lo malo

Pese a las mejores perspectivas para el crecimiento económico del país en este año, los indicadores asociados al mercado interno aún muestran señales de debilidad.

Las ventas a unidades iguales de Walmart de México, la principal cadena minorista, cayeron 3.8 por ciento anual en enero.

Y el Índice de Confianza del Consumidor se desplomó 15.5 por ciento anual también en el primer mes del año.

Los datos anteriores corroboran que no ha habido un cambio favorable de tendencia en algunos indicadores que miden el pulso del consumo privado.

Lo feo

Además, el entorno económico ya se ve ensombrecido por los problemas de inseguridad, que para los analistas del sector privado son el principal factor que podría obstaculizar el crecimiento en los próximos meses.

En opinión de los empresarios, se mantiene una tendencia alcista en los secuestros y la extorsión, entre otros delitos que han crecido en algunos estados y regiones.

Ambos afectan directamente a personas, empresas y comercios, que han sido sometidos por grupos delincuenciales al pago de un “derecho de piso”.

En un análisis reciente –México en gráficas-, Banamex hace una puntual descripción del país:

Es un mercado convertido “en una atractiva opción de inversión”, que lo hace contrastar de otros emergentes, pero mantiene “altos niveles de violencia” y en algunas zonas del territorio nacional “existen problemas de gobernabilidad”, claramente en Michoacán.

De nada servirá ser uno de los mercados emergentes más atractivos y tener el reconocimiento internacional de las calificadoras, si no mejora la seguridad.

Con esa ambivalencia, es muy obvia la imagen de los dos Méxicos.