Opinión

En poder del Maligno

 
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En poder del Maligno.

Sólo puede adjudicarse al Maligno, que está de moda, el hecho monstruoso de que Gil vea capítulo tras capítulo de El señor de los cielos. Los caminos del Diablo son misteriosos. Llevado por mano oscura ahí tienen ustedes a Gamés viendo la serie de televisión colombiana coproducida por Telemundo y Argos Comunicación.

El asunto empezó como que no quiere la cosa, un episodio para estar informados, y luego otro y otro y así hasta la ignominia. La primera temporada tiene ¡80 capítulos! Y la segunda ¡70! Enchufado a Netflix, los críticos acérrimos de Gilga afirman que ha perdido la dignidad y el gusto.

La lectora y el lector lo saben, El señor de los cielos cuenta la historia de Aurelio Casillas y la creación del Cártel de Sinaloa. Los escritores de la serie, Luis Zelkowics y Mariano Calasso, basada en una idea original de Andrés López, le dan vuelo a la hilacha de la violencia, la corrupción y la impunidad del narcotráfico en México y Colombia.

No el menor de los atractivos de estas aventuras es que actúan muchas colombianas que a usted se le cae la baba, y muchos hombres que a usted se le cae la quijada. A los protagonistas los acaban de sacar del gimnasio media hora antes de grabar el primer episodio, la musculatura de Rafael Amaya en el papel de Aurelio Casillas, que en realidad es Amado Carrillo, ha sido diseñada por un entrenador de elite de un spa suizo. La barba crecida se la han recortado barberos de Sevilla y el corte de pelo es obra de un coiffeur doctorado en Harvard.

LA FAMILIA
El hermano de Aurelio, Raúl Méndez, Chacorta (mecha corta) es un poco menos corpulento que Aurelio, pero su cara ganaría un concurso de belleza. El Chacorta en realidad es El Viceroy, el hermano de Amado Carrillo, líder del Cártel de Juárez desde 1997 y preso en 2014. La esposa de Aurelio, Ximena Herrera, es guapísima. El personaje vive en un rancho cerca de Culiacán y viste como si viviera en el Soho, al último grito de la moda, en la vida real es Sonia Barragán, la primera esposa de Amado Carrillo. Mónica Robles es una peligrosa narcotraficante protagonizada por Fernanda Castillo, una rubia alta, delgada, envuelta en vestidos más untados que la piel de seda. En realidad es La narcomami o La Jefa, ella mandaba al cártel de Tijuana. Y no puede menospreciarse al Chema Venegas que en la vida real (¿existe la vida real?) es Joaquín Guzmán Loera, lo interpreta Mauricio Ochmann ataviado con chamarras finísimas de cuero con las que podría ser portada de una revista de exclusiva moda masculina.

En El señor de los cielos, Aurelio no muere como se supone que murió Amado Carrillo, durante una operación de cirugía plástica. Sobrevive y manda desde la sombra en las actividades del cártel. Aurelio y sus secuaces infiltran al gobierno mexicano hasta el tuétano, compran militares, políticos de altísimo nivel, viajan un día sí y otro también a Colombia y hacen negocios con los herederos de Pablo Escobar.

Un ramillete de colombianas impactantes caminan alrededor de albercas de agua cristalina y cumplen los deseos frenéticos de los narcos guapísimos, poderosos, multimillonarios en dólares, dueños de aviones y casas de seguridad donde a usted le dé su regalada gana.

Los personajes de esta serie no cesan de beber tequila mañana, tarde y noche. El jefe de jefes, Aurelio, va de cama en cama y de mujer en mujer mostrando sus músculos y sus espaldas (en plural pues parecen dos). A veces, a Rafael Amaya se le olvida el acento norteño, pero no nos detengamos en pequeñeces.

Las balaceras son de antología, lo que sea de cada quien. Tiroteos por quítame estas pajas, fugas increíbles, camionetas negras que surcan las sombras en huidas de sangre y fuego. También es verdad que El señor de los cielos tiene algunas de las características de las benzodiacepinas: usted se duerme porque se duerme. Luego despierta dos episodios adelante y, como si nada hubiera pasado, se integra a la trama con gran naturalidad.

Así las casas (muletilla patrocinada por Grupo Higa), la lectora y el lector se preguntarán por qué diablos y diablas Gamés ve esta serie.

Precisamente por eso, por la presencia del Maligno que despoja de la voluntad a las personas y las obliga a cometer actos terribles como por ejemplo ver El señor de los cielos.

Lo saben bien. Los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos.

Mientras los meseros se acercan con las charolas que sostienen el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular la frase de William James por el mantel tan blanco: “No hay mayor mentira que la verdad mal entendida”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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