Opinión

En los medios, Clinton siempre está condenada

 
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Krugman.

Cada vez que tenemos elecciones presidenciales, muchos estadounidenses y yo nos maravillamos por la forma en que los medios noticiosos establecen una narrativa, y se aferran a ella sin importar cuánta evidencia se acumule en su contra.

En lo que va de esta campaña, la narrativa determinada es: 1) el público estadounidense está lleno de ira contra los personajes establecidos, y 2) Hillary Clinton está en problemas. Inicialmente, la narrativa era que el público estaba harto de las dinastías Bush y Clinton, pero ese cuento tuvo que ser modificado una vez que resultó que caras más jóvenes y frescas del círculo político en el Partido Republicano eran igualmente desafortunadas.

Pero, ¿qué tal si nada de esto fuera cierto?

Si los estadounidenses, en general, están llenos de ira, ¿por qué el presidente Obama tiene un mejor nivel de aceptación que el que tenía Ronald Reagan en esta etapa de su presidencia? De hecho, esto es sorprendente dado el “partidismo negativo” que garantiza que los republicanos nunca expresarán aprobación por un presidente demócrata.

En lo que respecta a Clinton, si una persona lee los periódicos o, peor aún, mira la televisión por cable, ha notado que la han condenado al menos tres veces: el otoño pasado, antes de las audiencias por el caso de Bengasi, después de las primarias de Nueva Hampshire, y durante la serie de victorias de Bernie Sanders en los caucus antes de las primarias de Nueva York. Bueno, resulta raro decirlo pero ella está a punto de ganar la nominación presidencial demócrata, y si las proyecciones basadas en la demografía están en lo cierto, como lo han estado consistentemente, terminará teniendo una ventaja en delegados aproximadamente cuatro veces más grande que la que tuvo Obama en 2008 y una ventaja en votación popular de cuatro millones (en comparación con el empate de 2008).

Entonces, ¿por qué no una interpretación “ilógica”?; se supone que nos deben gustar, ¿no? (Ya sé, pero no si el argumento favorece a un Clinton.) Quizá la mayoría de los estadounidenses, no precisamente llena de alegría con las secuelas de la crisis financiera, tiene una muy buena imagen de Obama, y está razonablemente dispuesta a apoyar una continuación de sus políticas. Tal vez el fenómeno Trump tiene que ver con la ira de los varones republicanos blancos, ira no compartida por la generalidad de los votantes. Tal vez Clinton es una mucho mejor candidata de lo que se le atribuye; siendo su principal problema no la falta de “autenticidad” o lo que sea, sino la incesante hostilidad de los medios, que le han dado mucha más cobertura negativa que la que han dado a cualquiera otro.

Persiste la duda de qué podrían hacer Sanders y sus fieles partidarios. Pero suponiendo que no se conviertan por completo en un Nader, este año probablemente veremos una gran victoria para la continuación de las políticas de Obama, en la persona de Clinton. Por supuesto, espero ver qué pasa uno o dos días después de las elecciones, cuando empecemos a leer artículos sobre cómo la administración Clinton está en caída libre.

Twitter: @paulkrugman

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