Opinión

En la economía, percepción crea realidad

¿Qué pasaría si de repente –como en una novela de Saramago– el pesimismo económico empezara a cundir y a contagiarse por todas partes?

Imagine que de repente, todos nos volvemos pesimistas incurables que imaginamos que la situación de la economía está muy mal y se va a poner peor.

Con esa creencia, lo natural sería que las personas dejáramos de gastar y empezáramos a ahorrar todo lo que pudiéramos. Las empresas cancelarían todas sus inversiones y proyectos, e incluso reducirían sus operaciones y tratarían de guardar todo el efectivo que pudieran.

Tomadas estas decisiones por parte de compañías y familias, entonces lo más probable es que el consumo y la inversión se desplomaran, creando así un desastre, dándole validez a las creencias de los pesimistas, las que se alimentarían de esa manera.

Aunque éste es el caso extremo, es un ejemplo claro de cómo la percepción tiene una fuerte influencia en la economía.

En la situación que vivimos en México, la percepción puede hacer que el crecimiento sea más lento… o que se acelere.

La percepción tiene mucho que ver con la formación de expectativas, tanto de consumidores como de empresarios.

Veamos algunas de ellas:

El índice de confianza de los consumidores que publica el INEGI, a abril, acumuló tres meses continuos de alzas. Si el dato de mayo, que se da a conocer la próxima semana, vuelve a mostrar un incremento, se confirmaría que, pese a todo, el ánimo de la gente mejoró y eso a la larga se va a traducir en compras y demanda de crédito, lo que tendrá un efecto favorable sobre la actividad económica.

Pero si, como resultado del bajo ritmo de crecimiento y de la caída en la expectativa del PIB para este año, hay un tropiezo en el desempeño de ese índice, entonces, los malos números en el consumo van a durar más tiempo.

A diferencia de lo que ocurrió con los consumidores, en el caso del sector empresarial, su índice de confianza, que había mejorado en febrero y marzo, ya tuvo un ligero tropiezo en abril.

Los empresarios, quizás más que ningún otro sector, requieren tener señales que les hagan percibir la economía con más optimismo.

Si, por ejemplo, el gobierno en verdad se asegurara de que los recursos del presupuesto se ejerzan con puntualidad y que los recursos “bajen” a los proveedores públicos, y si además, simplemente considerara en su momento revisar si debe haber correcciones a la reforma fiscal, de manera temporal y sujetas a ciertos comportamientos, cambiaría el ánimo para bien.

Poco a poco van a empezar a generarse señales más favorables del desempeño económico. Ayer, de hecho, el crecimiento de 7.1 por ciento en las exportaciones de manufacturas durante abril, que fue el mayor desde septiembre pasado, es un indicio de que la demanda proveniente de Estados Unidos sigue fortaleciéndose.

Aunque habrá señales positivas, creo que sería equivocado dejar que la inercia determine. Si la percepción mejora, entonces esas señales positivas van a amplificarse. Si el desánimo dura, entonces van a diluirse.

Mañana seguiremos con este tema.

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