Opinión

En el cinco cinco

  
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Toros

Madrid, España. Al terminar la afamada Feria de San Isidro en el mes de junio, en Las Ventas de Madrid, domingo a domingo se llevan a cabo festejos donde se programan toreros a los que por alguna razón no se colocó en la feria, o en el caso de novilleros, que llegan a probarse con la ilusión de que con un triunfo en el ruedo Venteño la temporada tome forma y se acumulen festejos en lo que queda del año taurino español.

En agosto se alternan corridas con novilladas. El pasado domingo 7 se programó un cartel que reunía —como solemos hacer los aficionados, siempre buscando cualquier excusa para ir a la plaza— matices de interés. Estuvo encabezado por el diestro zaragozano Ricardo Torres, con ya 37 años de edad, más de 10 de alternativa y muy pocos festejos en los últimos años; el segundo espada fue el malagueño David Galán, hijo de aquel torero famoso y popular de los años 70, Antonio José Galán, que en aquella época fue sensación y toreó bastante cada temporada; y cerraba la tercia el sevillano Pepe Moral, quien en 2014 durante la feria de abril en Sevilla cortara dos orejas a un toro y ese mismo año cuajara una gran faena por estas fechas de agosto en Las Ventas. Por cierto, toreó el pasado septiembre en México, dejando muy buen sabor por su concepto y buen gusto al torear. Seis toros del Ventorrillo, hierro que hace no mucho se disputaban las figuras.

La temperatura veraniega en la capital hispana es tremenda, hace un calor insoportable durante el día, lo que obliga a turistas de todas las nacionalidades a pasear con poca ropa, poco garbo y rostros “coloraos” al borde de la deshidratación. Los japoneses y orientales desfilan con la nueva camisa del Real Madrid por la Gran Vía, y esta bella capital se convierte en una ciudad llena de foráneos hirviendo, recorriéndola y disfrutándola de lado a lado.

A las siete de la tarde (como se dice por estos lares) suenan parches y metales para anunciar el inicio del festejo que reúne gente importante del toro; nos encontramos con el apoderado de Diego Urdiales, el buen taurino y banderillero en retiro, Luis Villalpando; en el tendido ni más ni menos que al diestro sevillano que se recupera de la grave cornada de hace algunas semanas, y que casi le cuesta la vida, Manuel Escribano, con quien pude comentar su recuperación, que va lenta. De hecho, ayer lunes se sometió a una operación más para terminar lo antes posible con las secuelas del incidente.

La entrada dista mucho de las que vemos durante San Isidro, el tendido de sol está básicamente despoblado, de hecho en el tendido cinco, había literalmente cinco personas aguantando el sol como los machos; pero sale el toro y éste no se entera si es mayo, junio o San Isidro, hay que torearle. Las Ventas impone llena e impone vacía; los asientos siguen calientes del sol del día; está impecable como siempre; su ruedo es inmenso y está en perfecto estado para el toreo.

La corrida se dejó meter mano sin haber un toro realmente bueno, se movieron los seis astados y de no ser por fallas con la espada, el zaragozano y el sevillano hubieran cortado alguna oreja cada uno.
Cada tarde en Madrid es determinante, literalmente la vida del torero le puede cambiar si consigue triunfar, pero además del toro que se lidia y que es imponente, hay que lidiar al público, que aunque en menor número, sigue contando con los sabiondos de voz potente que como no les hacen caso en casa, van a la plaza a dejarse ver y oír; pero la gran mayoría de los que estábamos en el tendido éramos turistas divididos en dos grupos: los aficionados y los que no tienen idea de tauromaquia, pero que aun así van con la mejor actitud de disfrutar e intentar entender lo que no debe nunca dejar de llamarse la fiesta nacional, ellos gozan con la salida del toro, les impone su tamaño, su poderío y la valentía del hombre que vestido con un bello y llamativo traje sale a su encuentro sólo con una capa y es capaz de crear momentos bellos, que si bien no entienden, sí que disfrutan.

Ricardo Torres puedo decir que me impresionó, vi en su semblante la dureza del toreo, no por alguna cicatriz hecha por un toro en alguna plaza en tarde de gloria, sino que vi el sol de las innumerables horas de entrenamiento, la ilusión en los ojos dentro de un rostro cansado de esperar, y quizá consciente de que el tiempo no perdona. Sin embargo, al reunirse con el toro eso se olvida, el hombre se llena de vida y brota el torero que lleva dentro desde hace décadas, ahí, en la espera para que la soñada oportunidad se convierta en la tarde del triunfo y de cambio. Pese a prácticamente no torear, se le vio con oficio y dispuesto a hacer su toreo, calidad en las maneras y vida para el alma. La falta de criterio del juez en el segundo le privó de cortar una oreja. Con lágrimas de torero dio una vuelta al ruedo, merecida a la espera, al sacrificio y al no desfallecer en el intento de lograr lo que es casi imposible, ser figura del toreo.

David Galán ha toreado poco también, tuvo en sus manos dos toros manejables; momentos más para el turista que para el entendido le provocaron el reconocimiento de los foráneos.

El sevillano Pepe Moral es de estos toreros con la calidad suficiente para poder comprarse un cortijo, sin embargo el gran triunfo no ha llegado ni la posibilidad de ratificarlo tarde a tarde, que es lo realmente difícil. Toreó primorosamente a sus dos toros con el capote, con la muleta les hizo lo que requerían, además con calidad y estupendo gusto, lástima de la espada; merece torear más. Su corte gusta en México, y sin temor a equivocarme creo que podría hacer temporada invernal en América sin problema.

El próximo domingo se anuncia novillada y nuestro paisano Gerardo Rivera despachará una de éstas con trapío de corrida, Las Ventas lo espera con el calor madrileño, y los japoneses por montones. En el tendido cinco habrá cinco valientes esperando que el tlaxcalteca tenga la suerte de pegar un bombazo en la plaza.

Twitter: @rafaelcue

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