Opinión

Empleo sectorial
con escaso dinamismo

El objetivo primordial de una estrategia de crecimiento económico sostenido es la generación de valor o riqueza y, aunque no siempre ocurre, distribuirla de manera que beneficie a la mayoría de la población. El mejor instrumento para la distribución del ingreso es la creación de empleos permanentes, formales y bien remunerados.

Como la actividad económica, durante 2013 y en lo que va de este año, el empleo ha mostrado un escaso dinamismo. De acuerdo con el Indice Global de Actividad Económica (IGAE), en enero de 2014 la economía sólo creció 0.8 por ciento con respecto al mismo mes del año anterior, en tanto que la producción industrial en febrero lo hizo a una tasa similar (0.7 por ciento anual); por su parte, en el primer mes del año el número de asegurados en el IMSS, que mide el empleo formal y en principio con mejores remuneraciones, aumentó 2.7 por ciento a tasa anual (más de dos puntos porcentuales inferior a la de hace un año). A ello se suma un deterioro de 0.2 por ciento de las remuneraciones reales promedio en el primer bimestre del año.

Si bien la creación de puestos de trabajo registra un mejor comportamiento relativo que el de la producción global, esa evolución es claramente insuficiente para una economía con las características de la mexicana: informalidad mal remunerada, con alto subempleo; estructura de la población y presión para incorporar jóvenes en el mercado de trabajo a tasas aceleradas; bajos ingresos promedio por habitante; elevados niveles de pobreza; etc. Al igual que la dinámica de la economía, a nivel sectorial el comportamiento del empleo ha sido heterogéneo.

En enero el IGAE de las actividades primarias (agricultura y ganadería) se contrajo 1.7 por ciento, mientras que el empleo registrado en el IMSS aumentó 2.9 por ciento, pero los asegurados permanentes disminuyeron 0.7 por ciento y los eventuales se incrementaron 11 por ciento; es decir, lo que aumentó fue el empleo temporal característico de esta época en el sector agropecuario. Las actividades industriales se expandieron 0.7 por ciento y las del comercio y los servicios 1 por ciento, mientras que el empleo aumentó 1.8 y 2.6 por ciento, respectivamente, tasas muy bajas para la importancia de esos sectores.

El escaso dinamismo en la creación de nuevos puestos de trabajo, que sin duda se asocia a la atonía de la actividad económica, en buena medida se explica porque el empleo es uno de los factores de la producción sobre el que las empresas tienen control para incrementar su competitividad a corto y mediano plazos. Otros factores que inciden en la producción y la competitividad no sólo no muestran avances, sino que permanecen estancados o en franco retroceso.

En el primer caso se ubica, por ejemplo, la infraestructura de comunicaciones, transportes y almacenamiento; aunque el programa de gobierno es ambicioso en esta materia, su desarrollo ha sido lento, incluyendo el aumento de la competencia y menores costos de las telecomunicaciones. Por otra parte, los cambios en el sistema fiscal no contribuyeron a aumentar la competitividad; al contrario, significaron una pérdida, al igual que los costos de otros insumos como la electricidad y los combustibles, que en muchos casos siguen siendo superiores a los prevalecientes en el exterior.

La eliminación de la depreciación acelerada en nuevas inversiones, también resultado de las modificaciones impositivas, ha propiciado que no se estén llevando a cabo o se estén posponiendo inversiones en nuevas tecnologías, equipos y procesos, que son factores fundamentales para aumentar la productividad.

En ese contexto, la reforma laboral que se instrumentó a fines de 2012 y que buscaba facilitar y abaratar la generación de empleos para las empresas no parece haber alcanzado sus objetivos, cuando menos en el corto plazo (ya transcurrieron 15 meses); de hecho, el límite a las deducciones fiscales por el costo de la mano de obra, que se estableció a partir de ese año, va en sentido contrario a los propósitos de esa reforma. Así, entre avances y retrocesos el empleo tampoco camina.

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