Opinión

Elecciones en Nigeria, lecciones

 
1
 

 

Nigeria

México mira muy poco hacia África. Es un error doble. Hay mucho que el gobierno y los empresarios mexicanos podrían hacer en un continente que según The Economist seguirá creciendo en promedio a tasas de 5.0 por ciento anual en el mediano plazo, tras 15 años de rápido crecimiento y donde un selecto número de países poseen recursos naturales y mercados atractivos y crecientes que los países ricos y ahora los emergentes están abordando con políticas audaces de comercio e inversiones.

África es una región que, a pesar de todos los desastres --Libia, Somalia, etcétera--, nos puede ofrecer algunas lecciones políticas. Sí, el continente de los gobiernos autoritarios de partido único también ha cambiado en los últimos 20 años para bien. Desde la transición de Sudáfrica del apartheid a la democracia y la llegada de Mandela al poder en abril de 1994, hay numerosos ejemplos de países con elecciones democráticas, altamente concurridas, y casos de admirable alternancia pacífica entre diversos partidos políticos. Ghana y Senegal en África occidental; Kenia y Tanzania en África oriental, además de Sudáfrica y Botsuana en el África austral ya no son islas democráticas en un continente autoritario, sino tendencias que se generalizan.

Ahora ha tocado el turno a Nigeria, el país más poblado y con el mayor PIB de África, de experimentar la alternancia democrática a través de la elección de Muhammadu Buhari, tras cinco décadas de golpes de Estado y más recientemente de gobiernos democráticos liderados por un solo partido. Hay muchas razones para ser optimistas a pesar de las experiencias pasadas. Crucemos los dedos porque así sea , ya que las condiciones del país no son ni serán sencillas.

Después del reconocimiento de su victoria electoral hace dos semanas por más de tres millones de votos --15.4 frente a 12.3 millones del presidente en funciones, Goodluck Jonathan, del sur cristiano--, el nuevo presidente del norte, el musulmán Buhari, declaró: “Es el momento de cerrar las heridas. Esta ha sido una victoria de todos los nigerianos”

Como señaló El País (05-04-15), el pozo en que estaba cayendo Nigeria le puso en bandeja de plata la victoria a este hombre que fue golpista en los 80, presidente por 20 meses, derrocado por otro general que lo encarceló por tres años y medio y, a partir de la llegada de la democracia en 1999 con Obasanjo, intentó tres veces ser electo, sin éxito hasta esta cuarta vez.

Los tres factores básicos que se considera lo llevaron al poder fueron:

Primero, la caída de los precios del petróleo, que ha sido desde la independencia del país y particularmente en las últimas tres décadas su principal fuente de ingreso nacional, de divisas y de ingresos fiscales (90 por ciento), así como factor clave de una terrible distribución del ingreso y el olvido de otras alternativas de desarrollo.

Segundo, una escandalosa corrupción que ha abarcado todos los ámbitos --comenzando por el petróleo y el gas-- y que ha corroído al gobierno y al sector privado de arriba abajo, a pesar de los diversos esfuerzos de los sucesivos gobiernos democráticos en este siglo (Obasanjo, Yar´Adua y el reciente Jonathan). Transparencia Internacional siempre clasificó a Nigeria en los más altos índices de corrupción.

Tercero, la gran violencia que siempre azotó al país, pero que ha salido fuera de todo control con la expansión del movimiento musulmán integrista y terrorista Boko Haran, que ha multiplicado sus acciones violentas, secuestros y crímenes de lesa humanidad, con vínculos estrechos con los salafistas de Medio Oriente y el norte de África.

De 72 años, originario del norte musulmán de Nigeria, Buhari tuvo una brillante carrera en el Ejército durante la época de gran inestabilidad. En 1983, siendo general y gobernador de la región noreste, dio un golpe de Estado. Durante sus 20 meses como presidente combatió la indisciplina y la corrupción, encarcelando a medio millar de políticos, empresarios y funcionarios, restringiendo a la prensa y a la oposición hasta que fue derrocado. Una vez que pudo constatar los horrores de la dictadura de Soni Abacha e instalada la democracia, las jugó por la vía electoral tres veces, respetando los resultados. A su prestigio de hombre estricto y honesto le llegó la hora.

Pero la gran lección es que Buhari supo leer los tiempos, realizar las nuevas alianzas políticas necesarias y emprender una campaña muy exitosa, que ha dado confianza a la desesperanzada población nigeriana de que es un líder moral creíble, capaz de escuchar.

Según sus observadores, cinco principios fueron aplicados en su campaña que unió a los principales partidos de oposición en torno a su figura en el “Congreso de todos los Progresistas”:

a) Perseverar. Al electorado le gustan los candidatos que no se rinden en la adversidad.

b) Aprender de las caídas, renovar los mensajes y las imágenes que proyecta el candidato y saber atender con flexibilidad a las demandas regionales y locales, sin modificar la esencia que le ha dado fuerza y seguidores.

c) Construir una agenda concisa, adaptada a los tiempos y focalizarla en unos cuantos mensajes que importen a todos: la lucha anticorrupción; el combate a la desigualdad y la injusticia; la disposición a actuar duramente frente a la violencia y la intolerancia de Boko Haram (siendo él musulmán).

d) Integrar el equipo humano adecuado para satisfacer las necesidades diversas del electorado. La selección de Yemi Osinbajo, honesto abogado y líder cristiano del suroeste, como compañero de fórmula, fue clave para asegurar que se predicaría con el ejemplo.

e) Usar los medios sociales modernos para mandar mensajes, pero también para escuchar a la población y retroalimentarla fue crucial, sobre todo con los jóvenes. Acompañar las reuniones de campaña de escobas para barrer la corrupción impactó.

Los políticos mexicanos podrían aprender algunas lecciones.

El autor es exembajador en Sudáfrica y presidente del Centro Tepoztlán AC.

También te puede interesar:
México frente a Estados Unidos
Política industrial de nueva generación
Crisis sistémica de México