Opinión

El voto de los latinos

 
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Latinos. (www.voanoticias.com)

Si bien los latinos han aumentado aceleradamente (de 36 a 57 millones entre el 2000 y el 2015) y representan ya el 17% de los habitantes de EU, los que pueden votar (mayores de 18 años que tienen la ciudadanía) son 27 millones y los que probablemente lo hagan en noviembre no pasarán de 13 millones (el 10% del electorado).

Regionalmente, la población hispana sólo es significativa en Nuevo México (38%), California (23%), Texas (22%), Nevada (20%), Arizona (19%), Florida (18%), Colorado (14%), New York (14%), Illinois (13%), New Jersey (11%) y Washington (11%).

Dado que en el sistema estadounidense únicamente cuentan los votos del colegio electoral y que la mayoría de los estados están más o menos definidos hacia alguno de los dos partidos, los territorios con fuerte presencia latina en los que se va a dar una pugna interesante entre demócratas y republicanos son Nevada, Arizona y Florida. Sin embargo, hay otros en los que la lucha está tan cerrada que el voto de ese sector, aunque marginal, puede llegar a ser decisivo. Es el caso de: Michigan, Ohio, Pennsylvania, Virginia, North Carolina y Georgia. Será ahí donde veremos a Clinton y a Trump cortejarlos.

Los hispanos no están cohesionados. Comparados con los negros, que llevan muchas generaciones en Estados Unidos, que se consideran parte de un colectivo y que se unen en torno a la lucha por sus derechos civiles (recientemente, contra la brutalidad policíaca), ellos han arribado en oleadas que buscan activamente diferenciarse entre sí.

Los que acaban de llegar, en su mayoría entraron o permanecen ilegalmente y por lo mismo no tienen ningún peso electoral. En los ocho años de Obama habrán sido deportados dos millones. Su interés, aparte de tener un ingreso para sobrevivir, es pasar desapercibidos para no ser localizados por las autoridades migratorias. Han sido crecientemente discriminados: se les niega la expedición de licencias de conducción, se les excluye de las escuelas y de los servicios médicos y se les pagan salarios miserables. Sólo cuentan con la solidaridad de las iglesias y se agrupan por su región de origen (poblanos en New York, oaxaqueños y zacatecanos en California).

Buena parte de los de segunda generación ha conseguido la residencia, pero no la ciudadanía, por lo que tampoco muestran fuerza política. Con mucho trabajo tienen un empleo estable y batallan para acceder a la clase media. Por lo mismo sufren la competencia de los recién llegados y es común que no se opongan a las deportaciones. Si acaso, les interesa la política local y en particular lo relacionado con los servicios y ayudas sociales. Se les integra a las juntas escolares para cubrir las cuotas raciales y porque sus hijos van siendo cada vez menos minoría.

Los dos partidos han hecho repetidas campañas para que obtengan la ciudadanía y se registren para votar, pero se han topado con una gran apatía.

Los de tercera generación tienen o buscan la ciudadanía, dejan de hablar español, tratan de casarse con güeros(as) y ponen nombre americano a sus hijos (o le dicen Tony al que se llama Antonio). Los de clase baja trabajan en el sector servicios y tienden a ser Demócratas, porque los sindicatos los afilian y porque quieren mantener o ampliar su acceso a la seguridad social. Los de clase media tienden a simpatizar con los Republicanos, porque son conservadores, están iniciando pequeñas empresas o se integran a asociaciones profesionales que cabildean a su favor.

Aunque en ambos partidos emerge una nueva camada de políticos que se apellidan Rubio, Cruz, Castro, Becerra, Garza, Sánchez, Sandoval o Solis, esta elección no les entusiasma. Los que votaron por Obama (71%) están decepcionados porque no pudo pasar en el Congreso la Ley Dream. A Hillary no le creen que pueda hacer aprobar la Ley Comprensiva, pero simpatizan con sus propuestas sociales y ven a Tim Kaine como un aliado.

Trump ha despertado el enojo de los de primera y segunda generación, pero esos no pueden o no quieren acudir a las urnas y se contentan con hacer piñatas con su figura. De los que si van a participar, una parte piensa que un cambio en el gobierno mejoraría su situación económica, pero el personaje les despierta inmensas dudas.

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