Opinión

El ultimátum de Bravo Mena a los panistas

El PAN, como partido, no está condenado a morir, expone Luis Felipe Bravo Mena en su libro Acción Nacional, ayer y hoy, de reciente publicación por editorial Grijalbo. A ese organismo, dice el exlíder nacional panista, podría pasarle una cosa más triste que morir: podría sobrevivir sin esencia, volverse “un PAN sin panismo”.

“Sin panismo, el PAN será un partido comparsa de los gobiernos en turno, una simple maquinaria electoral para operar en lodazales, o una organización-franquicia en manos de vivales para lucrar económicamente desde las posiciones gubernativas, una más entre tantas que ya tenemos en la política mexicana”, señaló Bravo Mena en la presentación de su libro, un interesante documento que reflexiona sobre pasado y presente de la organización en la que ha militado desde 1969.

En 518 páginas, Bravo Mena recorre la historia de ese “gran desconocido”, como él mismo lo califica, que es el PAN. En la parte final, recuerda al lector cómo ha sido que el partido se ha desfondado. Al revisar la derrota de 2012, concluye que luego de dos sexenios en Los Pinos “lo que el PAN ha perdido en estos 12 años es la dimensión cívica”.

“Ahora se empeña en ser un movimiento de masas, olvidando que lo valioso es el alma-convicción de los que participan, no su número ni las muchedumbres; ya no se busca que los grandes eventos públicos sean la expresión de vigor cívico, sino que funcione una costosa maquinaria de ‘operadores’ dueños de clientelas, conocedores de las técnicas del acarreo de personas, útiles para falsear adhesiones populares e imprimir fugaces fotografías, supuestamente demostrativas de ‘músculo’ político, aunque no correspondan a un real fuerza ciudadana”, explica quien de 2005 a 2008 fuera embajador de México ante El Vaticano.

Al escapar de trasnochadas nostalgias por el viejo PAN, Bravo Mena propone tres acciones para reorientar a su partido: 1.- restaurar la institucionalidad (“el punto de partida debe ser darle vida real, no simular, el espíritu democratizador de las disposiciones estatutarias de la XVII Asamblea”); 2.- política ciudadana (“hay que deshacer una paradoja histórica: la fuerza que adquirió el PAN por el éxito de su lucha ciudadana lo introdujo al juego del poder real, que algunos utilizan para satisfacer intereses grupales y proyectos individuales. Esto lo aisló de los ciudadanos, y lo hace incurrir en incongruencias programáticas y en corrupción”); y 3.- liderazgo con valores (“la historia del PAN demuestra que el liderazgo de valores fue capaz de vencer a la maquinaria de poder del viejo sistema y a su dinero”).

El libro no pudo llegar en mejor momento. Coincide con la fallida estrategia de Gustavo Madero de culpar a los medios de comunicación de la pésima imagen que tiene hoy el Partido Acción Nacional. La mala noticia para los blanquiazules es que si el diagnóstico de Bravo Mena es correcto, y el autor aporta suficientes argumentos para pensar que así es, la actual dirigencia nacional –con sus Villarreales, Villalobos, Preciados, Morenos Valles y Padrés que le acompañan– no podrá evitar que se consume la entronización del PAN sin panismo.

Lo anterior podría afectar no sólo al PAN. Porque si ese partido no resuelve adecuadamente “la encrucijada de reencontrarse con su alma panista ciudadana o ser una mala réplica de lo peor del PRI”, como plantea Bravo Mena, se llegaría al escenario del PAN sin panismo, lo que “constituiría un desastre en la vida pública de México”. Veremos si los panistas atienden el ultimátum implícito en Acción Nacional, ayer y hoy.

Twitter: @SalCamarena