Opinión

El tsunami de las pensiones

 
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El gobierno encendió la mecha. Es larga, pero el barril de pólvora es gigantesco y puede cimbrar con su explosión la estructura económica y social. Habitualmente el informe semanal del vocero de la Secretaría de Hacienda no acelera el ritmo cardiaco, pero recientemente centró su temática en un detallado análisis de la OCDE sobre las pensiones en México. El documento y sus propuestas bien pudieron pasar relativamente desapercibidas si la SHCP no hubiera establecido que representaban “una excelente base técnica para poder iniciar un diálogo social y político en materia pensionaria”. Así nomás, el gobierno destapó la caja de Pandora.

Uno de los planteamientos centrales de la OCDE es ingenioso, radical y además dinamita pura desde una perspectiva política: poner una fecha a partir de la cual todos los que contribuyen para su pensión y podrán optar por el régimen establecido en la legislación de 1973 (y lo harán, porque no están locos), pasan de golpe al régimen (mucho menos generoso) de aquellos que empezaron a cotizar a partir de 1997. Lo acumulado hasta entonces se respeta, afectando proporcionalmente menos a los que llevan más tiempo cotizando. Además, claro, los que tienen más razón para protestar serían relativamente jóvenes, y quizá no le den tanta importancia al cambio.

Esto es financieramente aconsejable porque el agujero fiscal que representa el viejo régimen, junto con otros sistemas de pensiones vigentes (como el de Pemex) implicarán un déficit creciente para el gobierno. Para mediados de 2030, en su punto máximo, éste déficit sería equivalente a aproximadamente seis puntos del PIB, cuando actualmente representa alrededor de tres puntos. Es este creciente tsunami financiero lo que lleva al imperativo del ajuste que, aparentemente, está dispuesto a implementar el gobierno.

¿O no es para tanto? Nunca es aconsejable discrepar con un apreciado colega de El Financiero como es Macario Schettino, dado su profundo conocimiento de México y su economía. Y Schettino no niega el importante costo, pero argumenta que el gobierno lo puede afrontar. De hecho, le molesta que se amenace a los trabajadores formales con el petate del muerto de ese mentado tsunami. Ojalá tenga razón, pero hay factores particulares a considerar en el caso mexicano. Uno es que la recaudación fiscal es muy baja. Sacar tres puntos adicionales de PIB no sería tan sencillo como para otras naciones.

Otro problema es que el futuro está lleno de más gastos adicionales. En el propio rubro de pensiones hay que ampliar su cobertura para amparar a los más pobres en su vejez, personas que obviamente no están ahorrando para su retiro porque apenas y pueden sobrevivir. Y, claro, ampliar la cobertura y calidad de los sistemas de salud. Así, la lista es muy larga, con el conjunto de gastos futuros posibles siendo aterrador en su conjunto. Debe, pues, hacerse mucho para que las finanzas públicas no se vean ahogadas en ese potencial tsunami. Una reforma como la propuesta por la OCDE es una posibilidad. Si el gobierno se va a aventar ese tiro, debe empezar a hacerlo ya.

Twitter:@econokafka

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