Opinión

El triunfo de los taxis

   
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Taxistas protestan contra Uber. (Eladio Ortíz)

Cuando los taxistas de Querétaro acudieron hace año y medio ante la autoridad para pedir que prohibiera la entrada de Uber, José Calzada los escuchó y luego les preguntó si sabían cómo había surgido ese servicio de transporte. Como dijeran que no, les dio su versión sobre cómo Uber fue bienvenido en mercados donde había que rogar a despachadores de taxi que te enviaran una unidad, y cuando ésta por fin llegaba te topabas con un vehículo sucio y un chofer malhumorado.

Hora de cambiar, señores, fue el mensaje del entonces gobernador. Esa misma hora de cambio ha llegado en el DF para Uber, que ha dejado pasar la oportunidad de dar un buen servicio en una ciudad que hoy es víctima de la miopía de autoridades locales y federales… y de esa plataforma.

Hace unas cuatro semanas me tocó ver cómo la tarifa dinámica brincaba de 1.5 a 1.8 en cuestión de segundos. Normal, pues desde la irracional reinstalación del Hoy No Circula (que hoy concluye), las horas pico son horas agosto para Uber. Y como encima en esa ocasión se soltara la lluvia, el costo volvió a dispararse, ahora a una tarifa más de dos veces lo normal. Impagable. Hubo que salir corriendo a conseguir un taxi, que de Polanco a San Ángel cobró 70 pesos. Decentísimo. Adiós Uber, hola de nuevo taxis. ¿Qué tal la vida estos dos años?

Alguien con conocimiento de primera mano me decía que en el GDF calculan que la afectación a los pinky taxis por la llegada de Uber es de apenas 10 por ciento de pérdida de clientela.

Si esos datos fueran correctos, la merma parece poca frente al ruidajo que ha habido en este tema, incluidas las agresiones reales por parte de taxistas a clientes y choferes de Uber.

Tanta alharaca sobre esta ya no tan nueva plataforma para contratar un chofer podría explicarse en el hecho de que estamos ante un asunto que interesó sobre todo a clases medias de las metrópolis.

En cambio, muchos taxis siguieron sus rutas y muchos usuarios las suyas. Para aquel que quiera confirmar lo anterior, basta darse una vuelta al aeropuerto capitalino, donde las filas para tomar un carísimo 'taxi seguro' son, como siempre, largas.

Una de las características de Uber es que era confiable, al menos confiable para ese sector que puede darse el lujo de pagar por evitar el riesgo de subir a un taxi que no sabes si es pirata, legal, alegal, carero, abusivo, discrecional en sus condiciones, etcétera.

Esa confiabilidad ha desaparecido por la vía del abuso en tarifas. Ojo, el argumento de que es el libre mercado el que impone el costo es simplón: a Uber le interesa ganar, pero con usuarios que huyen de ese servicio porque éste no se preocupa de que se vuelvan costumbre los disparos de sus tarifas en 30, 70 o 120 por ciento, Uber y sus asociados no van a ganar.

Porque las metrópolis que ayer padecieron contingencias por ozono hoy sufren estragos por lluvia. Y si no, habrá marchas, o plantones o bloqueos u obras. Esas circunstancias 'atípicas' según las autoridades, son, lo sabemos los ciudadanos, más bien cotidianas.

Y hasta hace poco, Uber parecía una opción que ayudaba a paliar el caos a un costo razonable. Hasta que ya no.

Adiós Uber, hola quien quiera que seas la nueva alternativa, incluyendo los taxis, que sin hacer mucho ahora (dicen) hasta factura darán. Pago por ver, pero no adelantemos vísperas. Y si no, ya llegará una nueva opción.

Así que hora de cambiar.

Twitter: @SalCamarena

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