Opinión

El TLC suma cero

 
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La revisión del Tratado de Libre Comercio que exige el gobierno de Trump tiene el propósito declarado de aumentar las exportaciones estadounidenses a México y Canadá para reducir su déficit comercial con la región; no plantea una estrategia para aumentar la actividad económica de los tres países, sino la homologación de normas y reglas, y la eliminación de cuotas, tarifas y aranceles en la región que le permitan a Estados Unidos entrar a “mercados más abiertos, equitativos, seguros y recíprocos”.

Hay que tenerlo claro: el enfoque con el que Robert Lighthizer, representante comercial del presidente Trump se sentará a negociar, es el juego de suma cero, situación en la que las ganancias que espera obtener tendría que equilibrarse con las pérdidas de los otros participantes.

Es una manera ofensiva -de ataque- para empezar a negociar temas que considera clave, como la eliminación de subsidios “injustos”, la intervención de empresas públicas en los mercados, la protección de la propiedad intelectual o la solución de controversias a cargo de tribunales estadounidenses.

Depende de Canadá y México no limitarse a seguir la pauta de Estados Unidos y pugnar por la cooperación para formar una región económica norteamericana con mayor capacidad competitiva frente a otras zonas económicas.

Un enfoque constructivo en el que todos ganen supone que cada parte lleve a la mesa de negociaciones, para empezar, sus respectivas políticas industrial y agropecuaria con las que contribuiría a la competitividad trilateral.

Una política industrial competitiva sería aquella que estimulara las inversiones, la capacidad tecnológica, mejorara la logística financiera y de servicios. México, es evidente, tiene profundas simetrías con Estados Unidos y Canadá que no fueron consideradas hace 25 años y que no deberían volver a posponerse.

Toda la región se beneficiaría si, como establece un documento de posición de la CNC ante el TLC, nuestro país se abocara a desarrollar el sureste de la República, que es la zona de mayor potencial agrícola y la menos aprovechada, carente de infraestructura y servicios, en la que urge elevar el aprovechamiento sustentable del agua y diversificar la producción agropecuaria.

El enfoque estadounidense de las negociaciones del TLC no es para que México y Canadá produzcamos más y mejor, como correspondería a una estrategia de integración regional, sino que importemos más de lo que ellos producen; ello obliga, en el caso de México, a revisar no sólo el TLC sino la política económica que desde hace 30 años apuesta -con todo y asimetrías- a la plena integración con la de Estados Unidos.

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